No es novedad la soltura con la que Juan Minujín puede moverse entre el drama y la comedia o meterse en la piel de personajes tan disímiles –desde Guillermo Coppola al fotógrafo que compuso para la serie Menem– sin perder credibilidad y la identificación con el público. Entre sus múltiples proyectos audiovisuales –los que ya se estrenaron y los que están en marcha–, el actor de 51 años deja por un momento las plataformas y regresa a la pantalla grande con Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, la primera producción cien por ciento española de su trayectoria internacional que este jueves 30 desembarca en los cines de nuestro país. Allí interpreta a Pablo, el tío argentino de la protagonista (Blanca Soroa), una joven de 17 años que desconcierta a su familia al revelar su deseo de convertirse en monja de clausura. Un drama cautivante que no solo arrasó durante su recorrido por festivales –ganó la Concha de Oro en San Sebastián–, sino que además se hizo con el Goya a Mejor película y le valió a Minujín su primera nominación –como actor de reparto– a los galardones entregados por la Academia del Cine de España.
-Es tu primera película cien por ciento española. ¿Cómo te llegó el proyecto?
-A Alauda la conocí en un festival en California cuando yo estaba presentando El suplente (2022), de Diego Lerman, y ella estaba con Cinco lobitos, su ópera prima. Un par de años después me llamaron para hacer una prueba con ella para un proyecto nuevo. En el medio, ella había hecho la miniserie Querer (de 2024, que en la Argentina se puede ver por Flow), que me había encantado, y yo justo estaba en Madrid, con lo cual hicimos la prueba y funcionó muy bien. El guion me gustó mucho. Alauda, aparte de ser una gran directora, es una muy buena escritora. Muchas veces, a los guiones hay que retocarlos mucho y remarlos, y esto era algo a lo que prácticamente no había que tocarle una coma. Además, ella fue muy receptiva a nuestras propuestas y reescribió un poco en base a los ensayos que hicimos, hubo mucho ida y vuelta.
-En España se generó mucho debate en torno a los tópicos de la película, como las relaciones de familia y la vocación religiosa. ¿Qué te generó a vos en lo personal?
-La película me llevó a reflexionar un montón de cosas, sobre todo esto de cómo acompañar algo con lo que uno no está de acuerdo con un hijo o un familiar. Es un tema muy desafiante. También está la discusión que se plantea por el lado de la vocación de la protagonista: hasta qué punto es genuina y hasta qué punto hay una manipulación. Creo que parte de lo que hizo que la película funcionara muy bien en España es que realmente se genera un debate. Los chicos se pasaron haciendo simposios en universidades, en instituciones religiosas y no religiosas, en todos lados. Generó muchísima conversación y mucha conexión con el público porque la historia plantea muy bien ciertos temas y abre muchos interrogantes complejos, pero no los cierra. Uno sale del cine diciendo: “¿está bien?”, “¿está mal?”, “¿qué me parece a mí?”, “¿qué haría yo?”. Interpela muy fuerte y esa es de las cosas que más me gustaron de la película.
-¿Qué relación tenés con la espiritualidad? Has dicho que no profesás ninguna religión, aunque resulta curioso que no es la primera película que hacés donde la religión ocupa un lugar central.
-Con la espiritualidad tengo mucha relación. Creo en cosas que no se pueden explicar, en cosas más mágicas, más misteriosas. Y sostengo ese misterio, a mí me gusta y me interesa. No tengo una afiliación con una religión en particular, tampoco tengo una tradición por mi familia. Entonces, es algo que miro de afuera; los acercamientos que tuve siempre fueron a través del trabajo.
-Cuando te toca acercarte a través del trabajo, ¿te gusta investigar e intentar comprender?
-Sí. Para Los dos papas (2019) trabajé bastante con un cura jesuita bárbaro de quien después me hice amigo y me enseñó un montón de cosas, porque también me interesa mucho la historia, la historia de las religiones, la teología. Después, hice otra película con Daniel Burman sobre el universo judío, donde también traté de meterme e investigar. Pero, después, es muy complejo trabajar la idea de la vocación y de la comunicación con Dios para alguien que no lo tiene en el cuerpo. Hay que investigar y pensar mucho cómo abordar eso sin tenerlo porque es muy potente para la gente que sí lo tiene. Cuando uno actúa una historia de amor, por ejemplo, uno ya tiene un registro de enamorarse, de desenamorarse, de ser rechazado. Esto es algo un poco más complejo.
-¿Disfrutás de investigar algo para enriquecer a tus personajes?
-Sí, es de lo que más me gusta porque también es lo que me mete en mundos en los que no me metería, ya sea en la religión u otras profesiones o historias de vida.
“Un tiro en el pie”-En contrapartida a lo que sucede en España, ¿cómo analizás el panorama actual de la industria audiovisual argentina?
-Muy complicado porque la industria audiovisual en el mundo entero se vale de incentivos y motivaciones estatales. Inclusive pasa en los Estados Unidos, donde tienen una industria enorme por fuera, pero también tienen mucho apoyo interno. Uruguay acaba de anunciar otro tax rebate, lo hace Colombia, México, Brasil, muchísimos países de Europa, Australia. En gran medida, no es solo por cuidar la cultura de un país, que es fundamental para mí, sino porque es una industria que genera mucho trabajo. Yo soy de la idea de que el Estado está para ayudar a las industrias que generan trabajo, así como tiene incentivos para la industria farmacéutica y la vitivinícola, debería tener para la industria audiovisual. Esos incentivos no están ocurriendo para nada, todo lo contrario, te diría que están bombardeando desde las instituciones que deberían defender el cine, como el Incaa. Veremos qué pasa.
-¿Tratás de acercarte a los jóvenes que están dando sus primeros pasos en la industria, que quizás hoy tienen menos posibilidades de concretar sus primeros trabajos?
-Sigo pensando que un Estado que no invierte en el talento joven es un tiro en el pie. Hay muchísimo talento y ellos tienen ganas de contar sus historias, que no son las historias de mi generación. Está más difícil ahora, supongo que le vamos a encontrar la vuelta. A mí, por ejemplo, me interesa mucho la producción de gente joven, de óperas primas. Hace poco hice un corto con estudiantes del Enerc, hay algo de todo eso que me parece sumamente atractivo, por eso me parece que es un error enorme ponerle palos en la rueda al talento joven argentino, es un disparate total.
De Coppola a Menem-¿Qué podés contar de la segunda temporada de Coppola, el representante?
-Se estrena dentro de poquito en Disney+; es inminente. Fue un proceso divino, muy divertido. Yo ya vi bastante de los capítulos de los diferentes armados y están buenísimos. Volver a trabajar con Wino es un privilegio para mí, al igual que hacer una segunda temporada con este personaje. La forma en la que lo vamos recreando es infinito en un punto, entonces, estamos contentos.
-Siempre hablan de la libertad que tienen para crear en esta serie.
-Wino tiene una manera de trabajar muy flexible. A veces es llegar al set, preguntar qué hacemos y que él responda: “No tengo ni idea, prendamos la cámara y vamos viendo”. A mí es algo que me gusta hacer, me entusiasma hacerlo con él y con estos personajes. Entonces, trabajamos cada vez con más confianza y más entendimiento.
-No a cualquier actor le gusta improvisar.
-Claro, son estilos. A mí me gustan los dos, me gusta eso y también me gustan las experiencias en donde es “hagamos esto y hagámoslo 30 veces hasta que salga perfecto”. Con Wino y particularmente con estos personajes, los de Menem o los de Coppola, hay mucha libertad y él tiene una capacidad lúdica que la despierta en todos.
-¿Y cómo fue tu ida y vuelta con el propio Guillermo Coppola?
-Muy bien, lo conocí para la primera temporada y a partir de ahí me hice bastante amigo y ya para la segunda temporada había otro vínculo y otra manera de entenderlo a él. No deja de ser un invento nuestro, o sea, el de la serie es nuestro Guillermo Coppola, no es él. Eso también nos da mucha libertad y él nos da mucha libertad, no está atrás de la cosa diciendo: “No, esto no fue así”. Es como: “bueno, chicos, más o menos vayan”. Y nosotros a partir de ahí inventamos, recreamos, ficcionalizamos, que también es otra parte muy divertida.
-¿Qué fue lo que más te sorprendió de conocerlo a él personalmente?
-Me parece una persona muy brindada, muy abierta, alguien que le hace un culto a la amistad, que va a estar ahí para cualquier cosa que necesites. En ese sentido, me parece que la serie siempre es una historia de amor, ¿no? Un poco es una historia de amor entre él y Diego , más allá de que es un personaje que está fuera de campo.
-Con Leo Sbaraglia, además de trabajar juntos en Menem, comparten la labor de personificar a figuras muy arraigadas en el imaginario popular. ¿Hablan de eso?
-Con Leo charlamos un montón, a los dos nos interesa mucho la actuación, qué hacer y cómo hacerlo. Para mí fue muy interesante verlo trabajar en el rodaje, ver por dónde iba, qué buscaba, de qué manera. Lo que hacemos no son imitaciones, se trata de entender y de encontrar la energía, la manera de pensar de esta gente, más allá de que también hay un componente que es parecido y que obviamente usamos muchas herramientas de la imitación.
-Además de Menem y Coppola tenés un tercer proyecto con Winograd: Un funeral y medio, la película que reúne por primera vez en pantalla a Guillermo Francella y Adrián Suar. ¿Cómo llegaste al proyecto?
-Me llamó directamente Luis Scalella para convocarme. Sé que Guillermo , que también es productor, había pensado en mí y además yo venía trabajando con Wino, que dirige esta película. Es un personaje relindo el que me dieron y trabajar con Guillermo y con Adrián está buenísimo. Fue un privilegio verlos en acción, son dos actores espectaculares, dos comediantes increíbles que trabajan de una manera muy distinta en el set. Entonces, verlos fue una muy linda experiencia y de mucho aprendizaje. Creo que la peli va a ser una bomba porque ellos dos se combinan bárbaro y el resto del elenco es hermoso.
-¿Cómo es ese salto entre distintos géneros y registros actorales entre todo lo que estrenaste en este último tiempo?
-Todo es mucho ensayo y mucho trabajo, y tratar de entender qué partido estás jugando. Una cosa es trabajar con Korovsky, otra con Wino y otra con Miguel Cohan . Son registros distintos, pero, en definitiva, sigue siendo contar una historia, contar un personaje que la gente pueda entender y leer, sentirse contada en ese personaje y sentirse interpelada por parte de la condición humana de lo que le pasa a ese personaje. Para mí, ese es el trabajo. Después, puede ser comedia o no, pero siempre el hilo conductor es ese.
-Entre tantos proyectos audiovisuales que hacés, ¿te gusta ir al cine?
-Sí, voy mucho al cine y muchas veces me pasa que no tengo una propuesta que me entusiasme mucho. Ya vi las dos o tres cosas que me gustan y se está estrenando poco cine de autor de afuera.
-¿Vas al teatro?
-Al teatro voy todo el tiempo. A diferencia del cine, esta es una ciudad bendecida para el teatro, hay una cantidad de cosas increíbles para ver todos los días en el circuito oficial, en el comercial, en el off y en el independiente.
-¿Te gustaría volver sobre las tablas?
-Sí, me encantaría y lo voy a hacer. Lo que pasa es que los proyectos audiovisuales muchas veces incluyen viajes, y ahora estoy un poco más enfocado en eso. El teatro te ancla más a Buenos Aires, entonces, por el momento no lo estoy eligiendo.
La vida en familia-¿Te reclaman tus hijas, Amanda y Carmela, cuando viajás mucho por trabajo?
-Mi familia viaja mucho conmigo cuando me instalo afuera a trabajar. Cuando no estoy grabando, estoy mucho en mi casa con las chicas haciendo cosas. Si bien siempre estoy escribiendo o haciendo reuniones, creo que lo compagino bien y es una parte muy importante para mí.
-El año pasado trabajaste con tu hija Amanda en la miniserie Atrapados. ¿Le das consejos para su carrera actoral?
-No, ella me da consejos . Me parece que cada uno hace su experiencia y ella tiene una gran capacidad expresiva. No creo en los consejos, en decir “hacé esto o aquello”, pero sí compartimos mucho y nos recomendamos cosas para ver.
¿Les gustaría volver a trabajar juntos?
-A mí, siempre, obvio.
