SAN PABLO.- Cuatro hospitales de los mejores ranqueados en la región, entre los que hay una institución argentina, formalizaron en esta ciudad una alianza en la que ya venían trabajando para afianzar la cultura de la seguridad para los pacientes y eficiencia de sus servicios. A través de estándares de trabajo y formación de recursos e indicadores comunes, apuntan a “reducir daños evitables y elevar la calidad de la atención”, definieron sus directivos al firmar el acta de constitución de la Alianza Latinoamericana de Instituciones de Salud (ALIS).
Este puntapié inicial lo dieron hoy el Einstein Hospital Israelita (Brasil), el Hospital Universitario Austral (Argentina), la Clínica Alemana (Chile) y la Fundación Santa Fe de Bogotá (Colombia) en el campus del Centro de Enseñanza e Investigación Einstein. Fue durante la segunda jornada del 11° Foro Latinoamericano de Calidad y Seguridad en la Salud, coorganizado con el Institute for Healthcare Improvement (IHI, por su sigla en inglés) de Estados Unidos. La alianza se abrirá a otros centros que quieran sumarse, según se aclaró.
“ALIS tiene un propósito común: el desafío de la atención de la salud es demasiado grande para enfrentarlo individualmente, sola cada institución”, dijo Sidney Klajner, presidente del Einstein Hospital Israelita, considerada una de las 20 mejores instituciones del mundo y la más importante de América del Sur en rankings internacionales. Su modelo de gestión trasciende el sistema privado: administra 34 unidades del sistema público local (9 son hospitales) en acuerdo con las autoridades estaduales y municipales. “En un mundo rápido e incierto, el esfuerzo individual difícilmente llegue a un buen resultado. Tenemos desafíos de acceso, sociales, ambientales y demográficos comunes. Podemos aprender del trabajo de otros con las sombras y con las luces de cada institución”, agregó Bernard Oberpaur, director de la Clínica Alemana, de Chile.
Para Rafael Aragón, director general del Hospital Universitario Austral (HUA), es cada vez más imperativo en los sistemas de salud que las organizaciones inviertan y trabajen para ser “más seguras y confiables”, mientras que Roosvelt Fajardo, director de Educación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Santa Fe de Bogotá, definió a ALIS como un compromiso para mejorar la atención de la salud en la región a partir de cinco desafíos actuales para los sistemas en cada país: la calidad de la atención, la seguridad para los pacientes, la formación y el entrenamiento de los profesionales, junto con la innovación y la investigación.
En su último informe sobre eventos adversos durante la atención, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó hace dos años que uno de cada diez pacientes los sufre, con consecuencias de mayor o menor gravedad. Pero la mitad se podría evitar con, por ejemplo, una buena organización del trabajo cotidiano. En la Argentina, un único dato nacional es de hace más de una década y media: esas complicaciones se daban en un 12,1% de los pacientes. Incluían infecciones, úlceras por presión, cirugía en el sitio o el lado equivocado, necesidad de cuidados intensivos, complicaciones por el retraso del diagnóstico o lesión en un órgano, hemorragia o hematoma durante un procedimiento, complicaciones por errores en la administración de los medicamentos, escaras y fracturas. Dos encuestas realizadas por las instituciones de ALIS, una en 2021 y otra el año pasado, buscaron relevar la cultura de la seguridad en los procesos de atención a diario.
La primera se tradujo ya en una publicación en la revista BMJ Open Quality en nombre de la alianza. Justamente, ahí destacaron la falta de estudios al respecto en la región. Para el 89,2% de los 5695 profesionales que respondieron voluntariamente a la encuesta, la seguridad del paciente era la prioridad. Sin embargo, apenas un 23,8% era propenso a registrar sus errores o fallas durante la atención. Un 89,2% respondió estar de acuerdo con que el ejemplo debía partir de las autoridades con acciones que demuestren al resto de la institución que la seguridad de los pacientes es una prioridad. El trabajo en equipo dentro de las unidades, mejora continua y hablar sobre los errores para evitarlos, en lugar de un enfoque punitivo, es lo que más destacaron los profesionales para una cultura de la seguridad. Con estos resultados, las cuatro instituciones están definiendo indicadores comunes.
Generar evidenciaOtra iniciativa conjunta es una plataforma con datos compartidos que surgen de las historias clínicas de cada hospital, con resguardo de la identidad de los pacientes. “Cada institución conserva el control de sus propios datos clínicos, mientras que la estandarización de la información posibilita la realización simultánea de estudios multicéntricos con metodologías comunes y la obtención de resultados comparables entre las organizaciones”, explicó Aragón a LA NACION.
La idea, según amplió, es generar evidencia desde ALIS relacionada con la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades prevalentes en la región, reducir sesgos al usar datos del mundo real y adecuar la representatividad de los pacientes en América Latina. Ya hubo un primer trabajo en esa línea con el uso de una terapia y su beneficio en distintas poblaciones para tomar mejores decisiones terapéuticas. Solo Einstein aporta datos de 1 millón de pacientes en una plataforma con Mayo Clinic, por lo que estimaron que podrían, entre los cuatro hospitales, llegar a información de alrededor de 10 millones de pacientes.
La educación y la formación de los médicos en gestión son otro capítulo de ALIS con programas compartidos e intercambio. ¿Cuál es el costo en calidad de no tener un programa de control de infecciones, una política de lavado de manos, saber comprar bien insumos y capacitar al personal cómo administrarlos y ser conscientes de la seguridad frente al paciente?, como planteó José Luis Puiggari, director de Desarrollo Institucional y expresidente del HUA. “El potencial de que los profesionales roten y se formen viendo otras realidades es enorme”, dijo Marcelo Pelizzari, director de Calidad del HUA. Destacó que, como instituciones educativas, también su misión excede lo asistencial y alcanza a la formación y el entrenamiento.
“Si bien hoy formalizamos la alianza con la firma de un documento, llevamos años trabajando en esto”, contó Fajardo. La encuesta sobre seguridad del paciente es lo que consideró el primer producto conjunto para la comunidad. “Esto es sumamente relevante porque fue medir qué estaba pasando con los pacientes en nuestras instituciones. Es un primer aporte a la región que cuatro instituciones referentes hicieran una encuesta conjunta, comparáramos los resultados y aprendiéramos unos de otros –agregó–. Tenemos también objetivos en educación, investigación, rotaciones de personal y entrenamiento en los distintos hospitales”.
Los iniciosEsa relación arrancó en una reunión en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, según recordó Puiggari. Ahí comenzó el intercambio de experiencias. El Einstein, por ejemplo, se interesó en el programa de gestión del staff médico de la Clínica Alemana y en el programa de calidad y seguridad de la Fundación Santa Fe de Bogotá, según mencionó Klajner. “Tenemos un propósito compartido en términos de calidad, seguridad y cuidados, sobre todo en poblaciones sin acceso. La formalización de la alianza permitirá que los trabajos en conjunto no se detengan, con el objetivo de hacerlo al mismo tiempo. Las experiencias son también para otros países fuera de América Latina, con los mismos problemas”, agregó.
Mathias Anwandter, gerente general de la Clínica Alemana, indicó que los cuatro hospitales son instituciones sin fines de lucro, están asociadas a una universidad, hacen docencia e investigación, además de proporcionar servicios de salud. Junto con las acreditaciones internacionales, son los requisitos que ayudarían a poder alcanzar a otros centros que quieran incorporarse a la alianza. “Los desafíos a futuro que tenemos son parecidos”, dijo. Entre las líneas de trabajo que podrían surgir incluyen, por ejemplo, la comparación de política públicas en cada lugar y sus resultados. “Esto es lo más enriquecedor de esta alianza”, finalizó.
“Los problemas están y son similares en los distintos países –acotó Oberpaur–, como acceso, qué estamos haciendo con nuestra responsabilidad social y cómo brindamos nuestras prácticas en salud. América Latina está acostumbrada a mirar lejos, a Europa, Estados Unidos y, ahora, Asia. Pero dentro de la región tenemos una riqueza de experiencias que vale mucho la pena compartir, con contextos culturales similares, sistemas sanitarios parecidos aun con sus diferencias y trasfondos legales semejantes. Esto le da una gran riqueza de colaboración a una alianza y de impacto en cada país para las buenas prácticas”, finalizó.
