¿En qué estamos? Punto de inflexión, tiempo de cambios en las galerías, de récords en las subastas y de ferias inclusivas. Una nueva era comienza.
La señal de alerta fue el despido de cincuenta artistas y cincuenta empleados de la galería Pace, que juega con Gasosian, Hauser & Wirth y David Zwirner en las ligas mayores. En la lista de su staff privilegiado están David Hockney, Agnes Martin, Beatriz Milhazes y Elmgreen&Dragset, entre otros. Puesto bajo la lupa, el Caso Pace responde a un clima de época, definido por galerías más chicas, equipos más profesionales y el auge de la modalidad cooperativa.
Balance positivo: Arco cierra con alto protagonismo de las galerías y los artistas argentinos
La era del supermercado, que comenzó en noviembre de 1986 con la venta de un Monet por US$11 millones, parece haber llegado a su fin. La expansión fenomenal de la demanda de obras de arte, impulsada por los Gordon Gekko de los noventa; los nuevos museos; el boom del arte contemporáneo y la multiplicación de las ferias creó la burbuja y alentó el peligro de hacer del arte una moda. Toda moda por naturaleza… es efímera.
El regreso al orden se veía venir, pero fue acelerado por la pandemia. Menos ventas, menos público presencial y el desarrollo de una “mercado digital” resultaron el combo perfecto para bajar un cambio o, si las papas queman, bajar a cortina. Mientras tanto, las subastas ganaron la parada, preparadas como estaban para difundir y vender a distancia, conseguir obras calidad museo y atraer a los millonarios compradores del Golfo Pérsico, campeones en la creación de “museos de autor”, pero con la necesidad urgente de formar sus propias colecciones.
Sotheby’s Londres remató en junio la Colección Lewis, un fabuloso conjunto de obras inspiradas en la figura humana firmadas por Picasso, Lucien Freud, y Magritte, entre otros, vendidas al mejor postor por 300 millones de libras esterlinas, récord histórico para una colección privada. Este batacazo opacó la famosa venta de los Picasso de Victor y Sally Ganz, en Christie’s 1997. Victor era un joyero neoyorquino y Sally una ex empleada de Macy’s. Amaban la pintura del malagueño que tras su debut en el MoMA todavía era “comprable”. En un piso de la Quinta Avenida los Ganz tenían colgado “El sueño”, Picasso de 1932, irresistible retrato de Dora Maar, obra maestra. Entonces, se vendió en 48 millones de dólares. Hoy no tiene precio. Solo una dato: la mayor venta privada de obras de arte sigue siendo la compra de los 775 cuadros del barón Thyssen Bornemizsa, núcleo del museo que lleva su nombre, por la Corona de los borbones que pagó por ellos US$350 millones.
Cuando James Christie fundó la casa de remates en el siglo XVIII, el plan era vender cosas viejas, muchas heredadas, a precio de pichincha. Ahora es exactamente lo contrario: US$98 millones por un Rothko, US$29 millones por un papel de Matisse archiconocido. Los compradores de arte con aspiraciones de coleccionistas quieren obras con pedigree, que garanticen de inmediato una cuota de prestigio. En la nueva era, la certeza le gana al riesgo.
Mientras tanto en Buenos Aires, Nahuel Ortiz Vidal subastó en Roldán Moderno un Quinquela por US$150.000. El mejor cuadro de la mejor época del maestro de La Boca.
Frente a este panorama, las ferias deberán ajustar el precio de m2 y las galerías renovar el contrato con los artistas. La cereza del postre la puso Marc Spiegler en The New York Times, al publicar un artículo que castiga duramente a las galerías y el exceso de mercantilismo, “hay que hablar más de arte y menos de dinero”, dispara. Justamente Spiegler, que dirigió Art Basel global durante diez años y le dio un aura millonaria al relojito suizo. Art Basel con cinco bocas de expendio, Paris, Miami, Hong Kong, Qatar y Basilea, es la única feria que puede abrir las puertas vendiendo un Picasso por US$35 millones. Tiene las obras y tiene los compradores.
Lo que viene será un ajuste lógico en días de ventas anémicas. Señales de cambio: cerró en la Rural la octava edición de MAPA, feria todo terreno con precios desde los 250 dólares y 15.000 visitantes. Otro público, otro bolsillo.
En paralelo, surgen iniciativas inclusivas de espíritu cooperativo, como Fondo Fluido, integrado por artistas que comparten ganancias y proyectos; también activaciones exitosas como NODO, impulsada por Meridiano, cámara de galerías, convocando a más de 60 galerías en cinco circuitos de la ciudad de Buenos Aires, una forma de abrir el juego. En la misma dirección, Diego Obligado, rosarino, presidente de Meridiano, vio la punta del ovillo y organizó un NODO en Neuquén para el próximo noviembre. La tiene clara: Neuquén promete, gas mediante, una explosión de inversiones, desarrollo y crecimiento demográfico.
Finalmente, arteBA el plato fuerte del mercado, proyecta su 35 edición para el 4 de noviembre. Esta vez será dessert y no starter. Cerrará un año de cambios y ajustes, en la locación donde conquistó mayores éxitos: La Rural de Palermo.
