ATLANTA (Enviado especial).- Mucho antes de compartir cuerpo técnico, de levantar la Copa del Mundo en Qatar y de llevar a la selección a otra semifinal, Lionel Scaloni, Walter Samuel y Pablo Aimar ya habían vivido un Argentina-Inglaterra con la camiseta celeste y blanca. Fue el 28 de junio de 1997, en Johor Bahru, Malasia, por los octavos de final del Mundial Sub 20. Argentina ganó 2-1, avanzó de ronda y dio otro paso en el torneo que terminaría conquistando de la mano de José Pekerman. Casi tres décadas después, los tres volverán a cruzarse con el mismo rival, aunque desde un lugar muy distinto: serán quienes intenten conducir al equipo hacia una nueva final del mundo.
El contexto también era muy diferente. En las tribunas había una mezcla curiosa de malayos, tailandeses, vietnamitas, argentinos que vivían en la cercana Singapur y los familiares de los futbolistas. Fueron unas 17.000 personas y la gran mayoría alentó a la selección. Aunque aquellos chicos todavía eran desconocidos para el público asiático, el equipo de José Pekerman ya llamaba la atención por su manera de jugar y también por el colorido que aportaban sus hinchas.
De hecho, la familia de Scaloni fue protagonista de una de las historias más insólitas de aquel torneo. Sus padres, Chiche y Lali, aterrizaron en Kuala Lumpur junto con Corina, la hermana menor del actual entrenador, apenas terminado el partido anterior, frente a Australia, sin saber qué había pasado. Desorientados, le preguntaron el resultado al primer malayo que encontraron. “Three-three”, les respondió. Convencidos de que el empate clasificaba a la Argentina para jugar en Kangar, tomaron un vuelo hacia Alor Setar y desde allí emprendieron otro viaje de unos 45 kilómetros. Recién al llegar descubrieron la realidad: la selección había perdido 4-3 sobre el final, había terminado segunda del grupo y debía jugar los octavos... a casi mil kilómetros de distancia, en Johor Bahru. El error les significó cambiar toda la planificación y asumir una importante pérdida económica entre pasajes, traslados y hoteles.
No se trataba de un cruce cualquiera. Era el primer Argentina-Inglaterra después del 2-1 de México 86, marcado por los dos goles de Diego Maradona, y sería el primer eslabón de una serie que continuaría un año después con el inolvidable triunfo por penales en los octavos de final de Francia 98. Los europeos habían llegado invictos, como líderes de su grupo, y contaban con varios futbolistas que luego tendrían una carrera importante. Entre ellos estaban Michael Owen, la gran figura de aquella camada y autor de un golazo en el 2-2 de Saint-Étienne que se resolvió desde los doce pasos, y Kieron Dyer, que cinco años más tarde sería titular en el Mundial de Corea-Japón 2002, cuando Inglaterra, con gol de penal de David Beckham, derrotó 1-0 a la Argentina de Marcelo Bielsa.
La derrota frente a Australia también había provocado un cambio en el equipo. Scaloni había sido titular como carrilero por la derecha en una línea de cinco, pero Pekerman modificó el esquema para enfrentar a Inglaterra, pasó a defender con cuatro hombres y puso como titular a Leandro Cufré. El Gringo empezó el partido en el banco e ingresó en el entretiempo por Diego Quintana, con el encuentro 2-0 gracias al penal convertido por Juan Román Riquelme y al gol de Aimar, la gran figura del partido para LA NACION, que le otorgó 9 puntos en la cobertura especial desde Malasia.
La formación argentina tuvo a Cristian Muñoz; Juan José Serrizuela, Cufré, Samuel, Diego Placente; Riquelme, Diego Markic, Esteban Cambiasso, Aimar; Quintana y Bernardo Romeo.
Ese triunfo terminó siendo un punto de inflexión. En los cuartos de final llegó Brasil y Argentina se impuso con autoridad por 2-0. Después vinieron Irlanda en semifinales y Uruguay en la final, un rival que contaba con futbolistas como Sebastián Abreu, Marcelo Zalayeta, Alejandro Lembo, Mario Regueiro y Hernán Rodrigo López. La selección volvió a ser campeona del mundo, después del título conseguido en Qatar 1995 con una generación encabezada por Juan Pablo Sorin, Federico Domínguez, Gustavo Lombardi y Ariel Ibagaza, y confirmó el inicio de una dinastía que marcaría una época en los Mundiales juveniles.
Pero aquel torneo también dejó algo más: la relación entre Scaloni, Samuel y Aimar. Compartieron concentraciones, viajes, entrenamientos y también la selección mayor, ya que varios de aquellos jugadores terminaron coincidiendo en los Mundiales de 2002 y 2006. Más de dos décadas después volvieron a encontrarse, ya del otro lado de la línea de cal, para asumir el mando de la selección en 2018. Desde entonces, construyeron el ciclo más exitoso de la historia del fútbol argentino.
Ahora, otra vez frente a Inglaterra y con una final del Mundial en juego, buscarán escribir un nuevo capítulo. Esta vez ya no con la ingenuidad de aquellos pibes de Malasia, sino con la experiencia de un cuerpo técnico que empezó a formarse en aquellos días de 1997.
