El enigma del robo de 1000 millones de dólares que tiene en vilo a los investigadores desde hace 36 años: el saqueo de arte más grande de la historia

En la madrugada del 18 de marzo de 1990, el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston fue el escenario de uno de los capítulos más sombríos de la historia del arte moderno. Dos hombres, vestidos con uniformes que replicaban los de la policía local, lograron acceder al recinto tras convencer a los guardias de seguridad de que respondían a un disturbio. Lo que siguió fue un operativo meticuloso de 81 minutos, tiempo durante el cual los asaltantes redujeron a los empleados, los esposaron en el sótano y saquearon 13 piezas de incalculable valor artístico e histórico.

Según consigna el propio Museo Isabella Stewart Gardner, el valor estimado de las obras sustraídas escaló con los años hasta alcanzar la cifra de 1000 millones de dólares, consolidándose como el robo de arte de mayor envergadura en la historia privada. Entre el botín se encontraban obras maestras como El concierto, de Johannes Vermeer —considerada la pintura sin recuperar más costosa del mundo—, y Cristo en la tormenta en el mar de Galilea, de Rembrandt, el único paisaje marino del genio holandés. El daño a las piezas fue irreparable: los ladrones utilizaron cuchillas para recortar los lienzos de sus bastidores, un método tosco que, según los expertos, podría haber comprometido gravemente la integridad de las obras durante su almacenamiento clandestino.

A 36 años del suceso, la investigación, que fue liderada por el FBI y la Fiscalía de los Estados Unidos, continúa activa pero sin resultados tangibles. La lista de sospechosos es extensa y frustrante, ya que en los primeros días, el foco recayó sobre el guardia de seguridad Rick Abath, quien permitió el ingreso de los falsos agentes. Aunque fue investigado exhaustivamente durante décadas, el FBI concluyó que no había pruebas de una complicidad deliberada. Abath, quien murió en 2024 a los 57 años, siempre sostuvo su inocencia frente a las acusaciones de haber facilitado el acceso mediante una señal previa.

La mafia de Boston fue, desde el principio, la hipótesis principal del FBI, donde figuras del crimen organizado como Robert Gentile, David Turner y el fallecido Bobby Donati orbitaron el expediente durante años. Gentile, quien murió en 2021, fue objeto de allanamientos donde se halló una lista de las piezas con posibles precios de venta en el mercado negro, aunque nunca se encontraron las pinturas. Por su parte, la viuda de otro presunto implicado, Robert Guarente, afirmó en 2010 que su esposo había entregado las piezas a Gentile para su custodia, una versión que este último negó hasta su muerte.

El misterio se torna aún más críptico por la selección de las obras: los ladrones ignoraron piezas de mayor valor, como un Tiziano, pero se llevaron objetos menores como un águila de bronce napoleónica y un jarrón chino de bronce. Esta elección, sumada a la ausencia de alarmas internas en la Sala Azul durante el robo de Chez Tortoni, de Manet, alimentó durante décadas la convicción de que el robo pudo estar motivado por la necesidad de utilizar el arte como moneda de cambio para beneficios judiciales o liberaciones carcelarias.

A día de hoy, el museo mantiene los marcos vacíos colgados en las paredes, lo que cumple con la voluntad testamentaria de su fundadora y como un recordatorio del vacío dejado por las piezas perdidas. La institución ofrece una recompensa de 10 millones de US$ por información que conduzca a la recuperación de las obras, es decir, la mayor cifra jamás ofrecida por una entidad privada en un caso de este tipo. A pesar de las décadas y el despliegue de recursos, el paradero de estas joyas sigue como una incógnita para el mundo.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/el-enigma-del-robo-de-1000-millones-de-dolares-que-tiene-en-vilo-a-los-investigadores-desde-hace-36-nid31072026/

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