Los delitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes en entornos digitales aumentaron un 73,7% en solo un año. Los datos fueron revelados por el Ministerio de Seguridad de la Nación y marcan que en la Argentina, entre 2024 y 2025, los chicos víctimas de ciberdelitos sexuales pasaron de ser 848 a 1476.
El informe detalla cómo evolucionó esta problemática en cada punto del país. Por ejemplo, Jujuy es la provincia donde se dio el mayor aumento de casos, ya que pasó de 17 a 112. Le sigue la ciudad de Buenos Aires, que de 56 llegó a 190 casos. Mientras que en Mendoza se registra el grueso de las víctimas: en 2024 eran 247 y en 2025, 610.
El informe no detalla qué tipo de ciberdelitos sexuales son los que más subieron y desde la cartera de Seguridad no respondieron a las consultas de LA NACION. No obstante, los especialistas indican que los principales delitos a los que están expuestos los chicos en el ámbito digital son:
La distribución, difusión y producción de imágenes de explotación sexual de niños.Y el grooming o ciberacoso, que se da cuando un adulto falsea su identidad digital para hacerse pasar por un niño o adolescente con el objetivo de obtener algún tipo de gratificación sexual o imágenes sexuales.“Ambos delitos crecen sostenidamente y vemos que hay cada vez más pedófilos que aprovechan que muchos juegos en línea, como Roblox, habilitan chats. También se meten en las redes sociales como Instagram o TikTok para contactar menores”, dice a LA NACION Tomás Vaccarezza, quien está a cargo de la Fiscalía porteña N° 17 Especializada en Delitos Informáticos.
Hernán Navarro, abogado y fundador de Grooming Argentina, explica que el aumento de los ciberdelitos sexuales contra niños y adolescentes se puede explicar por una conjunción de factores:
Hiperconectividad e inicio prematuro. “En Argentina, los chicos pasan un promedio de siete horas diarias conectados a dispositivos móviles y acceden precozmente a la tecnología. Además, cuatro de cada 10 niños tienen su primer celular propio antes de los 9 años”, explica Navarro y hace referencia a un estudio de Grooming Latam, una red regional conformada por 30 organizaciones que luchan contra ese delito.
Emancipación digital y falta de supervisión. “Si a un chico le das un celular y no lo supervisas, lo estás emancipando. Muchas veces el adulto lo hace porque no sabe cómo cohabitar el mundo digital con él ni supervisar lo que hace”. Esto expone a los niños a peligros de manera temprana.
Falta de políticas públicas en educación digital. Para Navarro es necesario educar a los chicos sobre cómo deben habitar los entornos digitales. “Solo así los chicos pueden conocer no solo las potencialidades del mundo digital, también los riesgos a los que se exponen. Necesitamos la creación de políticas públicas que promuevan una educación digital integral en las escuelas, como una ESI”, dice.
Nuevas modalidades delictivas. Navarro explica que hoy los agresores aprovechan para acceder a todos los entornos digitales en los que los chicos se encuentran y “no solo las redes sociales, también los juegos como Roblox, Minecraft o Free Fire”. Además, explica que “ya no necesitan el contacto físico para ejercer violencia”, ahora ejercen “la coacción digital y el cautiverio digital”.
Responsabilidad de las empresas y falta de normativas. Para Navarro, las empresas que manejan plataformas de juegos o redes sociales aún no garantizan “las medidas de seguridad suficientes”. No obstante, advierte que debe haber un trabajo conjunto entre las empresas, ONG y los Estados, “que deben empezar a trazar normativas para que esa seguridad se dé”.
Sí. “El groomer es un agresor sexual que manipula a los menores. Primero se hace amigo, después le pide que le envíe una foto sexual, como un juego. Luego le pide más con la amenaza de que va a difundir el material que ya le dio”, explica Vaccarezza.
“Estamos frente a nuevos escenarios de violencia sexual porque los agresores obligan a las víctimas a producir el propio material de violencia sexual. Así las mantienen cautivas”, suma Navarro. Esa violencia genera un daño irreparable en las víctimas porque los contenidos nunca van a desaparecer de la internet profunda.
Para Navarro, hay avances en la Justicia sobre cómo deben ser juzgados los delitos de grooming. “En abril, la Justicia bonaerense condenó a un hombre por el abuso sexual de una niña sin que existiera contacto físico entre la víctima y el victimario. Hay que reconocer que el mundo digital hoy es en efecto el mundo real. El daño impacta de igual manera en uno como en el otro”, dice.
