LONDRES, enviado especial.- Grigor Dimitrov festejó con alivio, orgullo y una sonrisa. En la segunda ronda de Wimbledon 2026, el búlgaro venció al checo Jakub Mensik por 7-6, 4-6, 7-5 y 6-3, en un partido exigente, cambiante y atravesado por condiciones difíciles: sol, viento y luego el cierre del techo del sofisticado Court 1 del All England Club. “Gran partido. Eso es todo lo que puedo decir. El partido tuvo de todo”, resumió después en la sala de conferencias.
El búlgaro -uno de los jugadores más talentosos del circuito- invitado por la organización con un wild-card, atraviesa una etapa particular de su carrera. Viene de un año marcado por lesiones -aquella en el pectoral que le impidió continuar su partido contra Yannik Sinner el año pasado en el césped londinense tras haber ganado los dos primeros sets-, dudas y reconstrucción tanto física y mental. Por eso, la victoria ante Mensik -un rival joven, en ascenso y semifinalista reciente en París- tuvo un enorme valor para la confianza. “Estoy muy orgulloso de haber podido jugar buen tenis, jugar dentro de mí mismo. También lo disfruté mucho. Esas son las cosas de las que estoy más feliz y orgulloso”, dijo.
Pero el momento más interesante de la conferencia apareció cuando le preguntaron por David Nalbandian, integrante de su equipo de trabajo desde febrero de este año. El cordobés, finalista de Wimbledon en 2002 y uno de los mejores tenistas argentinos de la historia, volvió al All England como una presencia influyente detrás de Dimitrov.
“Es una persona muy específica, en el buen sentido, por supuesto”, dijo Dimitrov sobre Nalbandian. Y agregó: “Hablamos hace un tiempo. Primero y ante todo, tratábamos de conocernos. Yo no quería tener a alguien conmigo sólo por tener a alguien conmigo”.
El búlgaro recordó que siempre admiró el juego del argentino. “Me encantaba verlo jugar. Jugué una vez contra él en césped. Eso no fue tan bueno para mí. Fue hace muchos años, en Queen’s”, contó, con una sonrisa. Aquel antecedente quedó como una pequeña marca en la relación entre ambos: Nalbandian, desde su talento natural para leer el juego, ahora aparece como una voz influyente en el volver a vivir del búlgaro dentro de una cancha de tenis.
“Me encanta lo valiente que era cuando tenía que jugar cualquier partido. Es un competidor increíble”, explicó Dimitrov. Y allí llegó la frase que mejor define el aporte del argentino: “En la etapa en la que estaba el año pasado, viniendo de una lesión, sé que definitivamente necesitaba ese empujón. Él pudo encender algunos lugares en mí, en mi mente, que creo que estaban un poco empolvados, por decirlo de alguna manera”.
Dimitrov también destacó la forma en la que Nalbandian transmite sus ideas. “Pudo empujarme en la dirección correcta con autoridad, pero de manera muy humilde. La forma en la que transmite la información, de algún modo enciende algunas cosas en vos”, detalló.
Me encantaba verlo jugar. Jugué una vez contra él en césped. Eso no fue tan bueno para mí. Fue hace muchos años, en Queen’s
La sociedad, según explicó, no se basa en modificar de raíz su tenis. A los 35 años, Dimitrov sabe que su juego ya está consolidado, con un poderoso servicio, un revés de fantasía clásico a una mano y una derecha con pimienta. El trabajo pasa por otro lado: afinar decisiones, recuperar convicción y encontrar variantes en los momentos que lo exigen. “En el juego mismo trabajamos en muy pocas cosas específicas, porque mi juego ya está bastante desarrollado. No hay realmente secretos en ciertos momentos sobre las cosas que voy a hacer; los jugadores esperan que las haga”, explicó.
El objetivo, entonces, es volver a sorprender desde la lectura, la ejecución y la mentalidad. “Sé que no sólo puedo jugar buen tenis, sino ejecutar un juego muy diferente en un momento distinto, donde nadie más puede verlo a veces, para intentar volver a la cima, porque ese es mi objetivo”, afirmó.
La victoria ante Mensik le ofreció un buen ejemplo. Dimitrov entendió que no podía limitarse a intercambiar golpes desde el fondo contra un rival joven, potente y con ritmo. “Jugando contra tipos como hoy, no hay manera de que pueda simplemente quedarme en la línea de base y pelotear con ellos. Eso no va a pasar. Necesito trabajar en esa otra parte de mi mentalidad, de mi juego, y desarrollar todo eso junto con mi físico”, explicó.
Pudo empujarme en la dirección correcta con autoridad, pero de manera muy humilde
Esa búsqueda también aparece en una frase que repitió varias veces: “Estoy corriendo mi propia carrera”. Dimitrov la usó para explicar que, en esta etapa, el resultado no es la única medida de su recorrido. “Ganar o perder es una línea muy fina entre esas dos cosas, ¿no? Lo sabemos. Diferentes jugadores, tengas 35 o 25 años, creo que es lo mismo. Todos tenemos la misma base”, dijo.
A partir de esa idea, explicó que su foco actual está en otros aspectos de su carrera. “Estoy tratando de exprimir otras cosas de mí mismo ahora. Por eso lo digo de la manera más amable posible: simplemente estoy corriendo mi propia carrera”, sostuvo. Y agregó: “Quiero mejorar en las cosas en las que siento que puedo mejorar, cosas que tal vez descuidé, cosas en las que quizás no estuve lo suficientemente encima a lo largo de mi carrera, o incluso en el último año”.
El regreso después de las lesiones ocupa un lugar central en esa reflexión. Dimitrov habló con franqueza sobre el miedo, la exigencia mental y la necesidad de competir sin protegerse demasiado. “Uno aprende. El miedo no es un amigo”, dijo. Luego profundizó: “Si querés salir ahí y competir al máximo nivel, tenés que ser capaz de empujarte al límite”.
El paso por el All England, por ahora, le está ofreciendo algo parecido a una reparación. Consultado sobre si esta semana tuvo un efecto sanador después de lo vivido en los últimos meses, respondió: “Sí. Cada partido que ganás es genial. Es así de simple”. Y enseguida aclaró: “Sé que sonó un poco a cliché ahí en la cancha, pero realmente no se trata de ganar o perder para mí. Estoy feliz. No me malinterpreten, por supuesto que estoy muy feliz. Esta semana fue la mejor semana de los últimos 12 meses, sin ninguna duda”.
Dimitrov también agradeció la invitación de Wimbledon. “Estoy muy agradecido de tener la oportunidad de competir acá. Si no, probablemente habría tenido que jugar la qualy. Wimbledon fue increíble conmigo al darme la wild card. Sólo quiero asegurarme de aprovecharla al máximo”, dijo.
Dimitrov ya está en la tercera ronda de Wimbledon donde tendrá otro enorme obstáculo para instalarse en la segunda semana del torneo: el italiano Mateo Berretini. Pero su tenis responde y Nalbandian asoma como una presencia influyente para devolverle impulso competitivo.
