“Pude comprobar en carne propia que nunca es tarde para elegir lo que a uno lo hace verdaderamente feliz, aunque no tenga nada que ver con lo que estudió o con lo que vino haciendo toda la vida. Para mí, el camino que elija tiene que hacerme cosquillas en la panza, generarme esa chispa de adrenalina. Cuando lo que hago me apaga, me aburre o me deja sin ganas, entiendo que es momento de animarme a dar el salto y buscar algo que vuelva a entusiasmarme. Se trata de escuchar esas sensaciones, darles espacio y empezar a imaginar que otros escenarios son posibles”.
Al momento de definir su futuro profesional, Luz Birba se inclinó por Administración de Empresas buscando una carrera versátil que le permitiera combinar su afinidad con los números y su costado creativo en una etapa en la que todavía no tenía un rumbo del todo definido. Aunque los tests vocacionales ubicaban en los primeros puestos a las expresiones artísticas e incluso a la música, pesaron más el mandato de aspirar a algo formal y la seguridad que prometía una rápida inserción en el mercado laboral.
“Lo que más disfruté fueron los procesos creativos”Con el título universitario en mano, fijó su objetivo en el área de marketing dentro de grandes compañías de consumo masivo. Sus primeros pasos los dio en la industria del calzado e indumentaria deportiva, pero el quiebre profesional más significativo llegó dos años más tarde, cuando ingresó a una destacada empresa de bebidas y aperitivos, un espacio donde consolidó su experiencia corporativa a lo largo de 11 años.
Su punto de partida formal en ese universo fue como asistente en el área de desarrollo de nuevos productos, un rol que marcó su debut dentro del mundo del marketing y que funcionó como una verdadera escuela práctica.
“Lo que más disfruté de esa etapa fueron los procesos creativos: meterme de lleno en el diseño de producto, el packaging, los materiales promocionales y las campañas de comunicación, sintiendo la adrenalina de estar en el corazón más inventivo de la compañía. Si algo me pesaba, en cambio, era la falta de tiempo libre para mí; entre los viajes cotidianos y la presencialidad full-time de lunes a viernes —en una época donde no existían el home office ni el trabajo remoto—, el margen para hacer otra cosa era mínimo, y admito que miraba con cierta envidia sana a quienes podían trabajar desde sus casas administrando sus propios horarios. De todos modos, guardo un recuerdo entrañable de aquellos años, que no solo me formaron, sino que me dejaron grandes amistades que sigo conservando hasta el día de hoy”, dice Luz.
10 años en un proyecto nuevoDespedirse de la vida corporativa no fue una decisión sencilla: todavía disfrutaba de su trabajo, se sentía reconocida y valorada, pero las prioridades comenzaban a transformarse. Tras el nacimiento de su primer hijo continuó en carrera, aunque dos años más tarde, con la llegada de su segunda hija en camino, sintió la necesidad profunda de estar más presente en la crianza.
¿Cómo es su nuevo emprendimiento?“Un año después reafirmé con el corazón que ese era mi camino: decidí construir un espacio propio, pensado desde cero y pegado a mi casa, para devolverle por fin a mi familia el living y el comedor que les había ido tomando prestados. Fiel a mi forma de ser, cada paso lo di afirmándome en la seguridad del anterior, sin prisa pero sin pausa, dejando que todo fluyera a su ritmo. En esa apuesta el apoyo de mi familia fue conmovedor: recuerdo que postergamos arreglos que eran urgentes en casa y pusimos todos los ahorros al servicio de levantar ese sueño de ladrillos y arcilla. Tiempo después, con el taller ya rodando a pleno, pudimos encarar juntos esas refacciones pendientes y celebrar que el esfuerzo compartido había valido cada segundo”.
“No me arrepiento de mi primera profesión: me dio el respaldo que hoy uso para gestionar mi emprendimiento. Pero en la alfarería encontré un oficio sin fecha de vencimiento, donde los años suman experiencia y no te dejan afuera. En el marketing mi energía se hubiera agotado; el barro, en cambio, me llena de vitalidad. Hoy disfruto mucho más, y cada ratito libre me siento al torno a crear para mí, a jugar y conectar con el placer de hacer sin prisas”.
Hacia adelante, su anhelo más íntimo es que este camino sirva como un faro cercano para sus hijos que hoy dan sus primeros pasos en el mundo laboral; la demostración viva de que siempre vale la pena animarse a elegir con el corazón y que nunca es tarde para moldear el propio destino.
