KANSAS CITY (Enviado especial).- Durante años, Lionel Scaloni construyó una selección con futbolistas de primer nivel en casi todos los sectores de la cancha. Lionel Messi, Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Julián Alvarez o Lautaro Martínez son algunos ejemplos. Los laterales, en cambio, nunca fueron estrellas mundiales ni los más admirados del plantel. Y, sin embargo, terminaron siendo piezas fundamentales de un equipo que ganó todo.
Mientras otras selecciones buscaron marcadores de punta capaces de resolver partidos por sí solos, Scaloni apostó por otro perfil. Futbolistas equilibrados, confiables defensivamente y con vocación para acompañar los ataques, pero cuya primera misión fuera darle sostén a un mediocampo que reúne a varios jugadores de buen pie y pocos especialistas en la recuperación: ante Argelia, sin ir más lejos, el volante central fue Alexis Mac Allister. En ese contexto, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico se convirtieron en piezas clave de la idea del entrenador. Por eso no resulta extraño que, de cara al partido del lunes ante Austria, una de las principales preocupaciones del cuerpo técnico aparezca justamente sobre las bandas.
Austria es uno de los seleccionados más agresivos del Mundial. Presiona alto, intenta recuperar la pelota rápidamente y busca atacar con amplitud. Aunque gran parte de su juego pasa por el carril central, sus laterales, Stefan Posch y Phillipp Mwene, compañeros en Mainz, suelen proyectarse con frecuencia y obligar a los rivales a defender situaciones de uno contra uno durante buena parte del partido. Todo esto adquiere un valor especial porque Scaloni llega al encuentro con dudas en los dos costados de la defensa.
Por la derecha, durante gran parte del ciclo alternaron Montiel y Molina. Con el tiempo, el futbolista de Atlético de Madrid terminó consolidándose como titular. Sin embargo, ambos llegaron al Mundial después de superar lesiones musculares y frente a Argelia jugaron un tiempo cada uno: Montiel comenzó como titular y Molina ingresó en el segundo tiempo.
Ninguno saca una ventaja clara sobre el otro y Scaloni deberá definir quién ocupa ese puesto. En cualquier caso, apostará por un futbolista con poco rodaje, pero acostumbrado a esta clase de partidos y que conoce el libreto de memoria. En la práctica del jueves, Montiel fue el único jugador ausente durante los minutos abiertos a la prensa. La explicación fue que había trabajado en el gimnasio para administrar las cargas y no exigir el físico. No hubo parte médico ni señales de alarma, aunque su caso sigue siendo monitoreado de cerca.
En el sector izquierdo la situación es diferente. Tagliafico fue durante años la primera opción de Scaloni. Incluso cuando aparecieron otros nombres, el entrenador casi siempre terminó inclinándose por él en los partidos importantes. Su lesión en el sóleo derecho le impidió estar en el debut y obligó al cuerpo técnico a buscar alternativas.
Como la selección no cuenta con un reemplazante natural de sus características, las opciones pasaban por Facundo Medina o Lisandro Martínez, dos defensores acostumbrados a desempeñarse como centrales pero capaces de adaptarse a esa función. Finalmente jugó Medina y cumplió una actuación correcta. Respondió en defensa, mostró personalidad para jugar e intentó proyectarse por sorpresa sin descuidar la marca. Una prestación similar a la que suele ofrecer Tagliafico, aunque con algo más de despliegue y algo menos de orden táctico.
Aun así, si logra dejar definitivamente atrás la lesión, todo indica que el campeón del mundo recuperará su lugar. No sólo por su experiencia, sino también porque representa el tipo de lateral que Scaloni siempre priorizó para este tipo de encuentros: firme en los duelos, ordenado desde lo posicional, con voz de mando y criterio para interpretar cuándo sumarse al ataque y cuándo quedarse.
También por eso el debut ante Argelia funcionó como una especie de banco de pruebas. Aunque el grupo parece accesible y sólo una combinación de resultados poco probable dejaría a Argentina fuera de los dieciseisavos de final, el cuerpo técnico sabe que el nivel de exigencia crecerá en la etapa eliminatoria. En esa instancia podría aparecer un adversario de mayor jerarquía, como España, Uruguay o Arabia Saudita, segundo del grupo que también integra Curazao. La intención de Scaloni es llegar a esos partidos con un equipo aceitado y la mayor cantidad posible de respuestas resueltas.
El técnico conoce el puesto como pocos. Durante su carrera fue un lateral aplicado, inteligente y combativo, pero también lúcido para jugar. Podía proyectarse, aunque no era de los que llegaban una y otra vez hasta el fondo. Se sentía más cómodo participando de la circulación y asociándose con los mediocampistas que llegando hasta el fondo de la cancha.
Esa lectura del juego incluso le permitió desempeñarse como volante por la derecha e incluso como mediocampista central. Quizás por eso siempre mostró una debilidad particular por laterales más abocados al equilibrio del equipo que a atacar de manera constante.
En su rol de entrenador, seguirá ensayando variantes antes del viaje del domingo a Dallas y, como es costumbre, confirmará el equipo pocas horas antes del choque contra Austria. Antes del debut, probó una defensa con Lisandro Martínez como lateral izquierdo y finalmente se inclinó por Medina, con Licha como zaguero central. También ensayó con una línea de tres defensores y carrileros como Giuliano Simeone y Nicolás González, una variante pensada más para determinados momentos de los partidos que como esquema para iniciar, al menos en esta etapa del torneo.
Por eso, la pelea por los laterales seguirá abierta hasta último momento. Algunos llegan condicionados por cuestiones físicas, otros por la falta de ritmo, pero todos tienen argumentos para convencer al entrenador. Porque, para Scaloni, nunca fueron un detalle. Y aunque rara vez se quedan con los aplausos, llevan años siendo una de las bases silenciosas de una selección acostumbrada a competir.
