MasterChef Celebrity se convirtió en un clásico de la pantalla chica. En las mesas familiares abundan quienes juegan a catalogar el menú con la gracia de Damián Betular, el acento de Donato De Santis o la tenacidad de Germán Martitegui. Esta edición, como la anterior, logra trascender la pantalla y se destaca por el aire descontracturado que le aporta Wanda Nara a la conducción y por la sintonía y frescura que transmiten los participantes.
A pocos días de la gala final del reality, LA NACION visitó el set de Telefe para observar el despliegue de una de las apuestas más exitosas de la televisión local y revelar detalles de la producción y de sus protagonistas.
Entre “el escritorio de Wanda” y las salidas de grupoDe un equipo total de casi 100 personas, hay alrededor de 50 en el estudio, entre productores, camarógrafos, asesores gastronómicos, técnicos, maquilladores, vestuaristas y algunos invitados especiales como los anunciantes del día. Todos se preparan para una jornada intensa que marca el camino hacia la recta final del programa producido por Boxfish y Telefe, que va de lunes a viernes, a las 21.30. Se estima que el último capítulo se ponga en pantalla a mitad de mes.
En la previa, que apenas se verá en la pantalla, Wanda comparte un divertido ida y vuelta con los jurados que incluye chistes y halagos. La conductora tiene un pequeño lugar para descansar entre toma y toma. Al costado de la escenografía, fuera de cámara, tiene su “escritorio”, donde puede sentarse tranquila a scrollear o trabajar desde el celular. Otras veces, cuando está fuera de plano en las grabaciones, opta por esperar en su camarín. Ella y los jurados son los únicos que ostentan camarines privados. El resto de los participantes comparte un “camarín abierto”, un espacio amplio que usan para comer, maquillarse, charlar y descansar.
Detrás de cámaras, por los pasillos de Telefe, los productores destacan que los participantes de esta edición forman un grupo muy dinámico y con muy buena relación entre ellos: suelen salir y organizar eventos por fuera del programa con mucha más frecuencia que los grupos de otros años.
ComplicidadUna vez que el estudio está listo y los asesores gastronómicos chequean que todos los ingredientes estén en condiciones, se pide silencio y las cámaras dan “play”. Se respira una gran expectativa por la apuesta de esta jornada. A simple vista puede reconocerse que la complicidad que se transmite entre La Reini y Wanda al aire coincide con el detrás de escena. “Sé libre. Cuando termines, contá todo, a mis abogados les voy a decir que no haya carta documento para ella”, lanza Nara con picardía arengando a la participante. “El problema es que tengo demasiada libertad de expresión”, remata Sofía Gonet y agrega: “Ahora estoy zen, no me quiero pelear con nadie”.
La Joaqui y Emilia Attias se muestran tranquilas, con una energía más prudente y sin tanto desparpajo. El Chino Leunis —único representante masculino entre los participantes de esta jornada— no esconde el entusiasmo que le genera conocer el nuevo desafío. Evangelina Anderson parece muy enfocada en lo que vendrá. Ensimismada, recorre su cocina y no se la ve intervenir ni mirar a sus compañeros cuando hablan.
“¿Quién se llevó mi delantal?"Wanda está en su salsa. A lo largo del estudio de MasterChef, se mueve como si estuviese en su casa. Un poco lo es: las jornadas de grabación suelen extenderse varias horas y muchas veces la acompañan al set su séquito de amistades, su madre e incluso alguna de sus hijas. La complicidad de la conductora con el jurado es la de cualquier grupo de amigos y eso se siente frente a cámara. El primer desafío al que se enfrentan es simple y veloz: una sopa fría de verduras. “¡Es como el gazpacho!”, acota Wanda sobre la primera consigna. “¿Quién se llevó ayer mi delantal? ¿¡En serio se lo llevó Migue Granados?! ¿Para qué lo quiere? ¿Qué va a hacer?“, rezonga la conductora. ”¡Se lo tuve que dar, me lo pidió al aire!”, agrega entre risas.
