“Sólo una cosa no hay. Es el olvido. / Dios, que salva el metal, salva la escoria / y cifra en Su profética memoria / las lunas que serán y las que han sido”, advertía en su poema “Everness” Jorge Luis Borges a los que, como el jefe de Gabinete Manuel Adorni, confían en que los beneficie la fuerza del olvido. El funcionario libertario, objeto de incontables memes en redes sociales, se asoció incluso con el del “Borges apócrifo” recreado por la inteligencia artificial.
Mientras el funcionario libertario es motivo de un aluvión de recursos meméticos, en la muestra Borges. Ecos de un nombre, al cuidado de Maximiliano Tomas, Rodrigo Alonso y Daniel Fischer, que se puede visitar hasta finales de agosto, hay una sección dedicada a los “memes borgeanos” creados por el profesor de literatura Alfredo de Jorge con imágenes y frases del escritor que se combinan con otras de Lionel Messi, los Simpson, Leonardo DiCaprio o Moria Casán con Ángel de Brito.
Uno de los memes borgeanos más recientes, que parodia el cuento “Tlön, Uqbar, Orbius Tertius”, de Ficciones, tiene como inesperado protagonista a “un vocero del vigésimo primer siglo”, autor del “sofisma de los ochocientos mil dólares”. En la reescritura memética se afirma que entre las doctrinas de Tlön, la de la “transparencia fiscal” causaba escándalo y que su contabilidad solo contemplaba dos disciplinas: la fiscal y la real. La primera desconocía las auditorías.
View this post on Instagram“Ante las noticias sobre el pendrive de Adorni, las inconsistencias, los ‘errores’, las contradicciones en sus declaraciones juradas y lo ‘curioso’ de que cientos de miles de dólares aparecieran repentinamente en un dispositivo, no pude evitar detectar algo borgeano en el asunto -dice De Jorge a LA NACION-. Esto de que los patrimonios públicos se manifiesten, muten, aparezcan y desaparezcan de un año al otro tiene, trágicamente, el tono de la literatura fantástica. El 7 de julio de 2025 hice un ejercicio similar cuando salió la noticia de un pastor evangélico al que sus ahorros en pesos se le habían transformado ‘milagrosamente’ en dólares dentro de su caja fuerte”. En esa oportunidad, reescribió “Argumentum ornithologicum”, de El Hacedor.
“La explicación oficial del vocero me llevó a reescribir cinco párrafos enteros de ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’, mi cuento preferido de Borges, donde se expone el famoso ‘sofisma de las nueve monedas’ -explica De Jorge-. En Tlön se imagina un mundo gobernado por el idealismo extremo: las cosas solo existen cuando se perciben o se enuncian; la materia no tiene valor por sí misma. Para mostrar el absurdo de esa tesis, Borges inventa una paradoja que escandaliza a los pensadores de ese planeta alrededor del extravío de nueve monedas. El martes alguien pierde nueve monedas en un camino desierto; el jueves, otra persona pasa y encuentra cuatro monedas. El viernes a la madrugada, un tercero descubre tres monedas más y, horas después, el dueño original encuentra las últimas dos monedas en el corredor de su casa. En nuestro mundo, el sentido común nos dice que las nueve monedas siempre estuvieron ahí, tiradas en el barro y herrumbrándose con la lluvia, esperando que alguien las junte. Pero en Tlön, como lo que no se mira deja de existir, consideran una locura pensar que las monedas continuaron existiendo de forma secreta entre el martes y el viernes”.
De Jorge decidió ir más allá del meme de coyuntura. “Intenté, a través de las herramientas conceptuales que nos brinda Borges, desnudar el absurdo de la política argentina -dice-. En el texto oficial de Tlön la realidad material se subordina a la percepción; en nuestra realidad, el dinero en el banco se subordina a lo que un funcionario decide asentar o recordar en un papel. Hice una intervención sobre la sintaxis original, destacando mis cambios en otro color, porque parte del juego era que el lector distinguiera qué es de Borges y qué es mío, para demostrar algo perturbador: que el delirio de aquel universo fantástico imaginario no es muy diferente a la realidad en la que estamos viviendo”.
Adorni podría fundamentar su defensa asistido por lecturas de la obra de Borges, entre otras, una nota al pie de página de “Historia del tango” (de Borges cuenta Buenos Aires, con prólogo de María Kodama), donde el autor, desde su perspectiva afín al individualismo, afirmó: “El Estado es impersonal; el argentino solo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o disculpo”.
Se sabe que para Borges, la utopía era “un país, o todo el planeta, sin Estado o con un mínimo de Estado”. “Cuando cada hombre sea justo podremos prescindir de la justicia, de los códigos y de los gobiernos -postuló-. Por ahora son males necesarios”.
