Los autitos de la infancia sobre el televisor, mirando todos a la derecha. Un figurín de Messi, parado con brazos en jarra y con la pelota bajo la pierna izquierda, al terminar la fila de autitos. Dos camisetas colgadas en el living de la casa, una del Mundial pasado y otra, la de Messi con el 18 en la espalda; el volumen de la tele en un número par; el mate se prepara en el entretiempo sí o sí; los lugares se repiten y se respetan, a rajatabla. El álbum de figuritas abierto en la página de la Argentina, dispuesto como un altar frente a la televisión. Una vela amarilla prendida durante todo el partido; las figuritas del rival en el freezer; la salida de la madre en mitad del partido a pasear los perros; los chicos que impusieron leer la Biblia para anular las malas vibras de los adversarios y la mala suerte del que justo fue al baño en el momento del gol. La frase “anulo mufa”, dicha cada tres minutos los días del partido.
Las cábalas se convirtieron más que nunca en protagonistas de este campeonato mundial de fútbol. ¿Pensamiento mágico, estrategia para calmar la hecatombe de ansiedad, o ritual colectivo que nos hace sentir parte activa del triunfo? Las explicaciones son muchas y los significados también. Lo cierto es que este año, cada vez son más los argentinos que se suman a algún ritual doméstico antes o durante el partido.
Como los adolescentes de San Juan, que frente a la derrota casi inminente ante Egipto, se pusieron a leer la Biblia, en el momento exacto en que empezaron los goles argentinos. “Seguí leyendo”, es lo que le dice su compañero, se convirtió en una frase viral, lo mismo que el video y miles de argentinos allí comentan que ellos habían hecho algo parecido durante el partido: ponerse a rezar, o a leer la Biblia. “Parecía que había una nube, un campo magnético en el arco de los egipcios. Era muy raro. Como una fuerza o una magia. Por eso, decidí hacer lo que hago cuando pido algo con mucha fuerza para que Dios me ayude. Abrí la Biblia de mi abuela y me puse a leer en voz alta. Ni miraba la tele. Después ví el video de los chicos que hicieron lo mismo y funcionó, dimos vuela el partido. Yo creo en esas cosas”, dice Sofía Fernández, de 17 años, que vive en Banfield.
Tomás Teich tiene 24 años y hoy va a revivir con su grupo del colegio, la escena que compartieron en 2014, exactamente cuando la Argentina jugó con Suiza… y ganó. “Somos un grupo de amigos del colegio, todos somos de Beccar. En ese momento, teníamos entre 11 y 12 años. Fuimos a verlo a la casa de Javi, que vivía a dos cuadras del colegio. Salimos justo para ver el partido. Y la Argentina ganó sobre el final. Lo recuerdo y se me pone la piel de gallina”, cuenta Tomás.
Aquellos niños frente al televisor crecieron: ahora tres son ingenieros, uno es abogado, dos estudian programación, uno administración de empresas, otro ciencias políticas y Tomás, periodismo deportivo. “Somos diferentes en cuanto a carreras, pero se puede decir que lo que nos une es la selección”, dice Tomás. Desde aquella victoria, el grupo viene repitiendo ciertos rituales y cábalas.
“Todo este Mundial nos venimos juntando. Apenas arrancó, averiguamos si la casa de Javi todavía estaba disponible y nos juntamos. El que puede se toma el día o hace arreglos. Cada uno tiene su lugar en el sillón. Si podemos, hacemos un asado, sino picada. Majo, la mamá de Javi es parte del ritual. Ella tiene que estar dando vueltas y en algún momento del partido tiene que salir a pasear a los perros, es parte de la cábala”, cuenta Tomás.
El martes pasado hubo un momento de zozobra. La Argentina iba 2 a 0 abajo en el partido frente a Egipto, y se dieron cuenta que en el entretiempo no habían preparado el mate. “Me enojé mal por ese olvido. Mi lugar es siempre parado atrás del sillón, o sentado en el respaldo. Pero, como íbamos perdiendo me acordé que cuando era chico me sentaba más atrás, en unas tablitas que hay en el piso. Lo hice y la Argentina empezó a repuntar. Fue muy emocionante, gritamos y festejamos como locos, no podíamos más”, cuenta Tomás.
Claudia Blanco todavía no sabe dónde va a ver el partido hoy. Pero haga lo que haga, tiene que cumplir un pedido que le hicieron en el grupo de Whatsapp de la farmacia: se tiene que poner la misma ropa del martes, sin lavarla y mandar la imagen al grupo en algún momento del partido. El rostro de esta mujer, de 58 años, docente jubilada, se volvió viral como la señora que entró en la farmacia y en ese momento la Argentina metió el gol.
“Cuando me vieron abrir la puerta, los empleados me miraron con una cara de ‘no lo podemos creer. Quién viene a comprar ahora’”, cuenta Claudia a LA NACION. La farmacia se encuentra en el centro de Necochea y ella, había tenido un día malísimo. Pero la racha estaba a punto de parar. Hacía una semana había sacado turno para las 14 con su médica, pero no se dio cuenta que era en el horario del partido. Llamó y llamó para cambiar el horario, pero no la atendieron.
Así que se fue al consultorio, llegó más temprano, para poder ver el partido desde su celular. Se hacía un chequeo, pero la presión la tenía mal y hacía dos días que no tomaba la pastilla. Necesitaba la receta para volver a comprar la medicación. Cuando salió del consultorio, con las recetas y las órdenes, prendió el celular y se dio cuenta que la Argentina estaba perdiendo. “Me puse re mal. Qué bronca, pensé. Dije, me voy a casa y después voy a la farmacia. Pero después pensé que si ya estaba todo perdido, más vale iba en ese momento. Y entré a la farmacia”, cuenta.
Lo que siguió fue una historia que dio vueltas por las redes. Después de abrir la puerta, la Argentina anotó el primer gol. La alegría estalló entre los empleados de la farmacia que corrieron a abrazarla. “Sos nuestra cábala”, le dijeron. “No te vas”, sentenciaron y le dieron una silla. “Todos pensamos, ¿quién viene a la farmacia justo ahora? Pero llegó el gol y la amamos. Todos estábamos tan felices, que le dijimos que se quedara. Sufrimos y festejamos juntos. Impresionante”, cuenta Milagros Fernández, que es empleada de la farmacia.
Claudia atinó a avisarle a su marido lo que estaba pasando. “Ni se te ocurra moverte de ahí”, le respondió su esposo. La mala racha había cambiado. Lo que siguió fue un festival de goles, abrazos, gritos y llanto. “Aunque sea déjenme tomar la pastilla, a ver si me da algo”, bromeaba Claudia.
Festejos por los goles de MessiLos chicos de la farmacia la abrazaban, se sacaron fotos con ella por todo el local. “Fue tan lindo, tan emocionante compartir con ellos ese momento. Yo soy muy cristiana, mi marido me decía, ‘viste que vos querías cancelar el turno y no te dejaron, Dios quería que entraras a la farmacia y nos trajeras suerte’”, cuenta.
“Lástima que el sábado la farmacia está cerrada, sino nos juntábamos a verlo otra vez. Pero los chicos de la farmacia me adoptaron como un amuleto. Me metieron en el grupo de Whatsapp del trabajo. Ahora quedamos así, el sábado, cuando menos se lo esperen, les mando la foto mía vestida igual que el martes y vamos a ganar”, asegura.
Tres autitosFrancisco P. tiene 45 años y un ritual que en su casa saben que todos tienen que respetar. Son tres autitos de su infancia que se ponen sobre el televisor mirando a la derecha. Una cábala que ocurrió por casualidad, pero que repitió desde que se dio cuenta. Hace unos años encontró una foto de su familia en el Mundial 86. Miró muy bien y descubrió que arriba de la tele, en la casa de su abuela, estaban sus autitos.
Algún grande, ese día, cuando él tenía cinco años, se los sacó y los puso allí para que ya no se cruzara delante de la pantalla con ellos. Cuando vio la foto pensó que así podía hacer su aporte. El Mundial pasado, recuperó los autitos de la casa de su mamá y desde entonces los planta sobre el mueble de la tele. Y también le sumó un muñequito de Messi pisando la pelota, que es de su hijo Joaquín. “Si no me equivoco, en aquella final estaba el Gauchito del Mundial 78, pero lo reemplazamos por este”, cuenta. Joaquín aportó su propio ritual: abrir el álbum en la página de la Argentina frente al televisor en cada partido. “Así estamos tranquilos y sabemos que vamos a ganar”, dice.
“Las cábalas se sustentan en el pensamiento mágico y la omnipotencia del deseo, funcionando como herramientas para intentar controlar lo impredecible y reducir la angustia ante la incertidumbre”, explica el psiquiatra y psicoanalista José Abadi. “Ya sea a través de objetos, prendas o rituales, estas prácticas buscan otorgarnos un poder ilusorio sobre el futuro y sobre nuestra propia insuficiencia para predecirlo y controlarlo, permitiendo que la emoción prevalezca sobre la razón”, agrega. “Hay mucha gente que dice, yo no creo en esto, pero por las dudas, es como la premisa de que, aunque no creamos en ellas, que las hay, las hay”, agrega.
Lautaro plays with the Virgen de Luján on his shin guards pic.twitter.com/xfkwIhpP47
— BowTiedMara (@BowTiedMara) July 8, 2026“Si bien suelen ser rituales individuales, las cábalas grupales funcionan como un pacto que genera cohesión y un fuerte sentido de pertenencia. Ayudan a un grupo a sentirse parte activa de una victoria. Sin embargo, el verdadero valor frente a los desafíos no reside en el ritual mágico, sino en el esfuerzo, la garra y el trabajo en equipo, como el que desplegaron los jugadores; es el compromiso de no rendirse y luchar con honor lo que realmente define el resultado, más allá de cualquier creencia mágica”, apunta.
CálculosLejos del pensamiento mágico y mucho más cerca del cálculo exacto, allí es donde se ubica Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que todos los años, para el Mundial despliega millones de cálculos y los pone al servicio de la audiencia, para intentar predecir desde la probabilística quién es el mejor candidato, cuántas chances tiene la Argentina de ganar el campeonato, lo mismo que las otras selecciones.
Los resultados se publican la plataforma 301060, que se llama así como tributo a la fecha de nacimiento de Diego Maradona. Durán y su equipo de matemáticos armaron el modelo de cálculo que nutre las estadísticas de la plataforma y de muchos sitios que arriesgan resultados.
Pero, por si acaso hubiera algo que se escapa al cálculo, Durán, hombre de ciencias, también tiene sus cábalas. Su hija Valentina, que es licenciada en Datos, se encarga de los rituales. “Mi hija se encarga de todo. Colgó dos camisetas en el living, una es una vieja de Messi con el número 18, que es de las primeras que usó con la Selección. También pone un papel con el nombre del rival en el freezer”, cuenta, en diálogo con LA NACION.
La estrategia de “freezar” a los contrarios se volvió muy popular durante los últimos partidos de la Argentina. Muchos usaron directamente las figuritas del Mundial para ser más específicos y neutralizar a los rivales con nombre, apellido y foto.
''Congelado'':
Porque las brujas argentinas intentaron congelar al arquero de Egipto por CADENA DE WHATSAPP pic.twitter.com/bsAc7O6tGj
Después del partido del martes pasado, una gran cantidad de usuarios de la red X publicaron sus fotos sobre cómo habían puesto nombre y figuritas a -17°C para neutralizarlos. Incluso, durante el partido de Argentina-Egipto circuló una cadena, con una foto del arquero Mostafa Shobeir congelado, que invitaba a reenviarlo a tres grupos para asegurar la victoria del equipo de Scaloni.
Los jugadoresLos propios jugadores de la Selección tienen sus cábalas: desde Lautaro Martínez que juega con una estampita de la Virgen de Luján en la media izquierda, y que hasta se hizo llevar una figura de la Virgen al vestuario; hasta Rodrigo de Paul y Leandro Paredes que hacen el reconocimiento de la cancha comiendo caramelos. También se conoció un video en el que se muestra que Cuti Romero y Lisandro Martínez pidieron agua bendita durante el partido contra Cabo Verde y se la pasaron por la cabeza y el cuerpo, supuestamente para protegerse de las brujerías del equipo contrario.
“Para los partidos necesito poner el volumen en un número par, sentarme del lado izquierdo del sillón y usar la misma remera de la Selección”, cuenta Francisco Perriaux. “Lo del volumen es más un toc. Y parte también de ser estructurado y ordenado. Lo del sentarme en el sillón del lado izquierdo no tiene una explicación, pero me da una sensación de que estoy haciendo mi parte para que la Selección gane. La remera es la de la Copa América 2021. Y la lavo después de cada partido”, cuenta.
Sebastián Canavesio, de 54 años, llegó al Fan Fest el martes último junto con parte de su familia y vivió la remontada con los nervios a flor de piel. “Me volví a ilusionar. Estoy feliz”, contó todavía emocionado. Durante el partido recurrió a una de sus cábalas: “Congelé una imagen del arquero rival antes del primer gol”. Para él, la clasificación dejó una enseñanza clara: “Este equipo tiene garra y corazón”.
Jesica Coria, ama de casa de 41 años, llegó al Fan Fest desde Lanús para ver el segundo tiempo junto con su familia. En su casa, cuenta, nunca miran los partidos de la Selección. “Tenemos la cábala de escucharlos mientras hacemos otras cosas”, dice entre risas. Esta vez decidieron romper la costumbre y acercarse al Fan Fest. Cuando llegaron, la Argentina ya perdía 2 a 0. “Era un silencio total. Después vino el gol anulado y volvimos a creer”, recuerda.
