El momento de San Lorenzo parece tan torcido que, en el arranque del segundo tiempo, Rodríguez Pagano quiso tirar un centro al punto penal y le dio en la espalda a su compañero Tripicchio. Es apenas una foto, una postal de todo lo que le cuesta el momento al Ciclón, que al fin pudo encontrar un desahogo con el triunfo ante Unión por 1-0, en un partido de la 5° fecha del torneo Clausura.
En la previa sorprendió que los jugadores más silbados fueran el capitán Nicolás Tripicchio, Alexis Cuello y uno de los refuerzos recién llegados, Emiliano Amor. Pero hace tiempo que en San Lorenzo todo es desesperación y reclamos.
Al final fueron todos abrazos, aplausos. El grito se elevó sobre corazón del Bajo Flores, en andas de 25.000 personas que temblaban de pasión y bronca. ¡“Ponga huevo San Lorenzo que esta hinchada se merece ser campeón”. Sirvió para aliviar el magro presente e ilusionarse con dejar de lado tantas pálidas de arrastre. Fue un poco desahogo, un poco plegaria, un poco desencanto; muchos sentimientos heridos y, presos de los desaguisados dirigenciales. Fue la explosión de todo San Lorenzo, la síntesis perfecta de un triunfo necesario ante Unión que sirve como paliativo a una herida abierta que no para de sangrar. Aunque esas gargantas tenían más: “Queremos jugadores que sientan los calores / Basta de fracasados y jugadores mediocres / San Lorenzo es un grande y queremos ser campeones”, atronaron.
En cualquier otro club, una victoria sufrida, a pura garra, con mucho amor propio y poco buen fútbol, hubiese sido motivo de felicidad prolongada. Sin embargo, para el momento institucional y futbolístico de San Lorenzo no alcanza. Si bien ayuda a calmar el frente interno que explotó después de perder el domingo pasado ante Huracán por 1 a 0 y que derivó en la apretada de la barra brava al plantel, con amenazas contundentes, la sensibilidad del hincha no tolera más las internas dirigenciales y no aprueba a este equipo, en general, y al técnico, en particular.
La escenografía que acompaña al club y al equipo está al rojo vivo. Una deuda institucional superior a los 67 millones de dólares y problemas futbolísticos radicalizados. Tanto que en las inmediaciones del estadio aún persisten los pasacalles exhibiendo mensajes contra el rendimiento del equipo: “Pidan disculpas a los socios y salgan a ganar”, “No perdieron un clásico, perdieron la dignidad” y “En San Lorenzo los clásicos se ganan”. El equipo bajo la conducción de Néstor Gorosito acumula derrotas y apenas había sumado tres puntos en el arranque del torneo. Y quedó afuera de la Copa Argentina.
Demasiadas circunstancias negativas en la previa, también tuvieron su correlato en el campo de juego. Apenas ingresó el equipo, lo primero que se escuchó fue una silbatina generalizada: enseguida llegaron “La camiseta del Cuervo se tiene que transpirar” y el clásico “pongan más huevos, la puta que lo parió”. Después, por un instante, todo fue aliento. Algo que ayudó al buen funcionamiento del Ciclón durante los primeros 20 minutos. Sin embargo, la falta de gol fue variando el humor del hincha y otra fue obvio escuchar al término del tiempo, retumbando por todo el Pedro Bidegain, el típico canto “Jugadores.. a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie”.
Todos esos nervios y expectativas se trasladaron al segundo tiempo. Sobre todo, cuando Unión insinuó una leve superioridad y merodeaba el área rival con peligro. Pero otra vez, cuando las densas nubes amenazaban con hacer aún más oscura y dramática la tarde del Bajo Flores, apareció Rodrigo Auzmendi, a los 18, para marcar el gol de la paz. Así, con 1 a 0, los murmullos de reprobación para algunos jugadores -especialmente Cuello- se transformaron en gritos de aliento ante cada cruce defensivo, en esperanza ante cada ataque. A puro canto acompañaron el andar dubitativo del Ciclón. Poco importó que Rey Hilfer a instancias del VAR haya anulado un penal por una supuesta falta a Reali. Y estuvo bien, el error había sido cobrarlo.
El partido se fue apagando en medio de un clima festivo, pero tenso. Como se festeja entre tantas necesidades y urgencias. Porque, finalmente, el equipo de Pipo Gorosito ganó después dos derrotas y evitó profundizar el enojo de su gente. Fue sin tanto merecimiento, también. Con demasiado sufrimiento otra vez. Acorde a la filosofía de esa camiseta borravino estrenada en honor a Los Forzosos, que marcó el nacimiento del club. Al cabo, una victoria necesaria para cuidar su vida y evitar alterar aún más los ánimos de su sufrida hinchada. Bien fiel a su historia.
Parado sobre la raya, perpendicular a la entrada del túnel, Gorosito asumió el papel de un general aliviado y orgulloso de su valiente tropa. Esperó uno a uno a su jugadores, acercando los rostros al suyo luego de tomarlos de la nuca y felicitarlos. Había humedad bajo las pestañas de Tripichio, espesa saliva en la garganta de Cuello, alivio en la sonrisa de Auzmendi, palidez en la bravura de Danilo Arboleda. Mientras tanto, desde las tribunas una lluvia de aplausos dio paso a la sumisión orgullosa de otra liturgia en forma de canto. “Soy de Boedo, soy de Boedo” Esta vez el triunfo, la bronca, el alivio y la felicidad, se fueron por el mismo cielo, el de los agradecidos.
En la sala de conferencias, más de media hora después, Pipo aprovechó para reflexionar sobre el estado de la cuestión: “Este presente es la acumulación de problemas permanentes. Hay que tener paciencia y dejar trabajar. Necesitamos el apoyo de todos. Que hagan de la politica lo que quieran, pero hay que dejar trabajar. Esta dirigencia recién llegó, hay que darle tiempo. La reacción de los hinchas es por una acumulación permanente de frustración y problemas. Pero las cosas no se solucionan de un día para el otro, se necesita tiempo y tenemos que estar todos juntos tirando para el mismo lado. Cada año hay elecciones y eso lo hace casi imposible. La gente se pliega a veces al enojo y las puteadas con razón porque no estamos jugando bien, pero se necesita que todos tiren para el mismo lado. No se le puede exigir a la dirigencia que está hoy que arregle todo en 40 días”. Una descripción acertada. Habrá que ver si este triunfo inaugura una nueva senda.
