El misterio de las Cataratas de Sangre: hallan una antigua comunidad marina atrapada bajo un glaciar antártico

Las Cataratas de Sangre son uno de los fenómenos naturales más extraños de la Antártida. En medio de los Valles Secos de McMurdo, una de las regiones más áridas y hostiles del planeta, una corriente de agua rojiza emerge desde el frente del glaciar Taylor y desemboca en el lago Bonney, como si el hielo sangrara.

Desde hace décadas, los científicos sabían que el llamativo color rojo se debía a una salmuera rica en hierro que aflora desde debajo del glaciar. Sin embargo, el origen de esa agua permanecía envuelto en el misterio. Ahora, una investigación publicada en la revista Nature Geoscience aporta nuevas pistas y revela que este singular sistema alberga una antigua comunidad de microorganismos marinos que habría permanecido aislada durante miles de años.

El estudio fue liderado por Angela Zoumplis y contó con la participación de investigadores de la Universidad de Yale, la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego y el Instituto J. Craig Venter. Los científicos encontraron evidencia molecular de que gran parte de los microorganismos presentes en las Cataratas de Sangre tienen afinidad marina, un hallazgo que respalda la hipótesis de que el agua que alimenta este sistema tuvo un origen oceánico.

Para llegar a esa conclusión, el equipo analizó 167 muestras de agua, sedimentos y aire recolectadas en distintos sectores de los Valles Secos de McMurdo. Mediante técnicas genéticas capaces de identificar microorganismos eucariotas y procariotas, los investigadores compararon las comunidades presentes en el área de las cataratas con las de otros ambientes cercanos.

Los resultados mostraron una diferencia clara. Mientras que los ambientes circundantes estaban dominados por microorganismos terrestres y de agua dulce, en los sedimentos, el barro rojizo y el hielo asociados a las Cataratas de Sangre predominaban organismos vinculados a ecosistemas marinos.

Según el trabajo, en el sector donde aflora la salmuera la proporción de microorganismos eucariotas compartidos con muestras oceánicas cercanas alcanzó el 9,34%, frente al 1,15% observado en otros sitios de los Valles Secos. Para los autores, esta diferencia constituye una señal contundente de una antigua conexión con el océano.

Los investigadores sostienen que estos datos respaldan la hipótesis de que el agua subglacial proviene de incursiones marinas ocurridas durante períodos más cálidos del pasado. Posteriormente, el descenso del nivel del mar y el avance del glaciar Taylor habrían aislado esa masa de agua salada bajo el hielo, donde permaneció durante un prolongado período geológico.

“Este es un entorno que hoy parece estar casi completamente desconectado del océano”, explicó Zoumplis en un comunicado difundido por las instituciones participantes y que reproduce la agencia ANSA. “Pero cuando observamos las firmas moleculares de los organismos que viven en el barro rojo y los sedimentos alrededor de las Cataratas de Sangre, encontramos una señal marina sorprendentemente fuerte”.

La investigadora señaló además que el objetivo no era simplemente determinar si existían organismos marinos en la zona. “Queríamos saber si formaban parte de una comunidad distinta, si eran diferentes de las comunidades de agua dulce cercanas y si había evidencia de que estuvieran activas. La respuesta a las tres preguntas fue sí”, afirmó.

El trabajo aporta además una nueva dimensión a un debate científico que lleva años. Estudios geoquímicos previos ya habían sugerido que la salmuera que alimenta las Cataratas de Sangre podía proceder de antiguas incursiones del mar en el valle de Taylor. La identificación de una comunidad microbiana con claras afinidades oceánicas aporta ahora una evidencia biológica independiente que respalda esa reconstrucción de la historia antártica.

Los microorganismos identificados pertenecen a grupos complejos de vida microscópica, entre ellos diatomeas y otros organismos eucariotas característicos de ambientes marinos. Su presencia resulta especialmente llamativa porque los Valles Secos de McMurdo constituyen uno de los ambientes más extremos de la Tierra, con escasas precipitaciones, temperaturas muy bajas y condiciones que suelen ser utilizadas por los científicos como un análogo de otros mundos potencialmente habitables.

La preservación de esta comunidad también ofrece pistas sobre la capacidad de la vida para sobrevivir en condiciones extremas. Aislados del océano durante largos períodos y sometidos a importantes cambios ambientales, estos microorganismos lograron mantenerse en un entorno que se transformó de manera radical con el paso del tiempo.

Según los autores, los microorganismos hallados difícilmente puedan explicarse por una llegada reciente desde el océano a través del viento. Por el contrario, la composición observada sugiere que forman parte de una comunidad antigua asociada a la salmuera atrapada bajo el glaciar.

Ese detalle resulta clave porque refuerza la idea de que las Cataratas de Sangre no son solamente una curiosidad geológica. También funcionan como una ventana al pasado del continente blanco y conservan rastros biológicos de un período en el que el mar alcanzaba regiones que hoy permanecen cubiertas por hielo.

Con información de la agencia ANSA.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/el-misterio-de-las-cataratas-de-sangre-hallan-una-antigua-comunidad-marina-atrapada-bajo-un-glaciar-nid10082026/

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