Un acuerdo histórico, que el mundo necesita más que nunca

El sábado, en Asunción, la Unión Europea y los países del Mercosur formalizaron la firma del acuerdo UE-Mercosur. El simbolismo del lugar habla por sí solo: en una capital que ha sido testigo de los grandes hitos de la integración regional, damos forma a un entendimiento largamente esperado que redefine la relación entre dos regiones que siempre se han pensado cercanas, pero que ahora deciden proyectarse juntas hacia el futuro.

Inauguramos así una etapa más madura y ambiciosa, en la que Europa y América del Sur vuelven a reconocerse como socios estratégicos en un mundo que exige cooperación, equilibrio y visión de largo plazo. El acuerdo es una apuesta por valores compartidos, por la previsibilidad en el comercio internacional y por un crecimiento económico sostenible. UE y Mercosur coinciden en la convicción de que el libre comercio con reglas claras es una herramienta esencial para el desarrollo. Además, la dimensión política del acuerdo abre espacio para diálogos sobre desafíos comunes –digitales, ambientales, de derechos humanos y multilaterales– que requieren respuestas coordinadas.

La firma llega en un momento de profundas transformaciones globales: tensiones geopolíticas, avances tecnológicos acelerados, desafíos energéticos y mayores exigencias de sostenibilidad. En este contexto, la UE y el Mercosur optan por una integración inteligente basada en reglas, confianza mutua y complementariedad. El acuerdo ofrece un marco inmejorable para ordenar, modernizar y profundizar un vínculo humano, cultural y productivo que va mucho más allá del intercambio comercial. Argentina ocupa un lugar central en este acuerdo porque comparte con la Unión Europea principios y valores que trascienden los ciclos políticos: la defensa de la democracia, el pluralismo, el Estado de derecho y el diálogo como vía para resolver conflictos. Esta afinidad profunda –institucional, cultural y humana– ha dado estabilidad a la relación durante décadas y constituye hoy la base sobre la que se construye una cooperación más ambiciosa.

Desde el plano económico, el acuerdo abre oportunidades concretas. El bloque resultante representa más del 30% del PBI mundial y alrededor del 35% del comercio global. El Mercosur accede preferencialmente al mercado europeo de 450 millones de consumidores, ampliando el horizonte exportador argentino en sectores donde el país es especialmente competitivo.

Un estudio que concluimos este año muestra que el acuerdo produciría un aumento del 17% (8900 millones de euros) de las exportaciones de bienes y servicios del Mercosur a la UE. Este cambio impulsará las exportaciones de bienes con mayor valor añadido, como los alimentos procesados, así como de servicios.

En conjunto, se prevé que el acuerdo incremente el PBI anual del Mercosur en 9400 millones de euros para 2040. La apertura de nuevas cuotas de carne por parte de la UE supone un avance significativo para uno de los sectores emblemáticos de la Argentina. Tras años deinversión en estándares sanitarios, ambientales y de bienestar animal, los productores argentinos podrán competir en segmentos de alto valor y consolidar su presencia en un mercado exigente donde la reputación es clave. También sectores como el vino encuentran en Europa un destino sofisticado, de alto poder adquisitivo y con fuerte valoración por la identidad de origen. Las oportunidades trascienden el agro. La industria automotriz, química, farmacéutica y los servicios basados en conocimiento podrán integrarse con mayor previsibilidad en cadenas de valor europeas.

Hoy, una de cada cuatro empresas exportadoras argentinas comercia con la UE; el acuerdo permitirá que ese número crezca, especialmente para las pymes, gracias a reglas más claras, procedimientos simplificados y mayor disponibilidad de información. En un país cuyo tejido productivo se apoya en empresas familiares y regionales, esto puede traducirse en más empleo, innovación y competitividad. En materia ambiental, el acuerdo refuerza la sostenibilidad como eje central. Los compromisos vinculados al de París, la lucha contra la deforestación y la preservación de la biodiversidad se convierten en requisitos de competitividad en un mercado global que exige trazabilidad y responsabilidad ambiental.

Para la Argentina, esto abre una oportunidad para posicionarse como proveedor confiable de productos sostenibles y diferenciados. El compromiso con la sostenibilidad convive con el desarrollo de sectores estratégicos para la economía argentina, como la energía. La transición energética europea requiere diversificar fuentes y fortalecer la cooperación con socios confiables. La Argentina está idealmente posicionada gracias a su capacidad de generación, su potencial en energías renovables y sus recursos gasíferos y mineros.

El acuerdo establece un marco estable para atraer inversiones de largo plazo que pueden convertirse en motores decisivos del crecimiento. La UE sigue con atención la evolución del sector gasífero argentino, con Vaca Muerta como referencia. Empresas europeas ya participan en su desarrollo, y el acuerdo permitirá consolidar esa presencia en un sector clave para abastecer mercados que buscan proveedores confiables y con bajas emisiones. Lo mismo ocurre con la minería: minerales críticos como litio y cobre, y estratégicos como las tierras raras, son esenciales para las cadenas de valor europeas. La Argentina necesita inversiones de calidad que impulsen cadenas de valor sostenibles, con procesos que minimicen el uso de agua, eviten la contaminación del suelo y garanticen responsabilidad ambiental y beneficios locales. Ese es el diferencial europeo. La infraestructura –física y digital– es otro pilar. Sin corredores logísticos modernos, redes eléctricas confiables, conectividad amplia y transporte competitivo, el potencial argentino no podrá desplegarse plenamente.

A través de la estrategia Global Gateway, la Unión Europea y sus Estados miembros ya desarrollan proyectos concretos en transporte, energía, redes eléctricas y digitalización. A ello se suma el Fondo de Cooperación Reforzada, de 1800 millones de euros, destinado a cofinanciar proyectos estratégicos en energía limpia, infraestructura sostenible, innovación y desarrollo industrial. Para la Argentina, esteapoyo representa una oportunidad decisiva para modernizar su aparato productivo y garantizar un crecimiento con alto impacto social y regional. Finalmente, el acuerdo tiene una dimensión humana fundamental. Europa y la Argentina comparten un vínculo histórico y vivo: millones de ciudadanos conraíces en ambos continentes; miles de estudiantes, artistas e investigadores que cruzan el Atlántico cada año; universidades y centros culturales que cooperan desde hace décadas.

El acuerdo profundiza ese intercambio, facilita la movilidad académica y fortalece las redes de innovación que marcarán el futuro. En un mundo donde el conocimiento es un recurso estratégico, esta dimensión es tan relevante como cualquier capítulo comercial.

A partir de ahora se abre una etapa que exigirá compromiso, responsabilidad y la decisión de aprovechar plenamente las oportunidades del Acuerdo. Su firma no es un punto de llegada, sino el inicio de un camino que requerirá determinación y diálogo permanente. El texto establece un marco extraordinariamente favorable para fortalecer el comercio y las inversiones, pero convertir ese potencial en resultados tangibles dependerá de un esfuerzo activo de promoción y acompañamiento.

La Unión Europea está plenamente comprometida con ese desafío. Por ello, la Delegación de la UE en la Argentina ya trabaja en un Foro Empresarial UE–Argentina, que tendrá lugar en junio de 2026, con el objetivo de impulsar la generación de negocios, fomentar inversiones, identificar áreas de cooperación y transformar oportunidades en resultados concretos.

El Acuerdo UE–Mercosur es, en esencia, una apuesta por el futuro: un futuro en el que crecimiento y sostenibilidad, innovación e inclusión, identidad e integración puedan coexistir armónicamente. Ese futuro comenzó en Asunción. Dependerá de nuestra capacidad colectiva sostener este compromiso con hechos y convicción. Si lo hacemos, podremos convertir el potencial en prosperidad, los recursos naturales en cadenas de valor sostenibles y la voluntad política en progreso económico. Ese es el desafío y, también, la promesa de este momento histórico.

El autor es embajador de la Unión Europea en la República Argentina

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/un-acuerdo-historico-que-el-mundo-necesita-mas-que-nunca-nid18012026/

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