Hondo pesar causó en ámbitos diplomáticos el fallecimiento de Luis María Ricchieri (86), diplomático de carrera de extensa trayectoria y protagonista de la negociación con Chile, que entre fines de los años setenta y principios de la década del ochenta evitó una confrontación armada con ese país.
Descendiente del general Pablo Ricchieri, ministro de Guerra durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca (1898-1904), Ricchieri desarrolló una dilatada carrera desde los años sesenta. Trayectoria muy valorada por sus pares y representantes del ámbito político y diplomático, que comenzó con el fin de sus estudios, durante el gobierno de Arturo Illia, con Miguel Ángel Zavala Ortiz en la Cancillería.
? Estuvieron presentes el Emb. Hugo Gobbi; Emb. Luis María Ricchieri; Emb. Pedro Villagra Delgado; Emb. Enrique Candioti, Mtro. Hernan Santivañez; Dr. Raúl Alconada Sempe; el director del Instituto Emb. Carlos Sersale di Cerisano y José Ignacio López pic.twitter.com/AbMne02Gfv
— Instituto del Servicio Exterior de la Nación ?? (@ISENArg) November 7, 2024Compartió la camada con otros diplomáticos destacados, como Juan Carlos Olima y Fernando Petrella, quienes llegaron a desempeñarse como vicecancilleres durante los distintos gobiernos del presidente Carlos Saúl Menem; y Arnoldo Listre, representante argentino ante las Naciones Unidas en 1982.
Su carrera incluyó funciones en Ginebra y en París. Estuvo a cargo del Centro de Promoción Argentina en Los Ángeles durante los años noventa y también fue subsecretario técnico de la Cancillería. Una de sus últimas funciones diplomáticas fue su designación, en marzo de 2002 y durante la presidencia de Eduardo Duhalde, como cónsul general en Miami, Florida, en reemplazo de Guillermo Jacovella.
A partir de 1980, Ricchieri participaría de manera directa, desde la posición argentina, en los trabajos para encontrar una salida negociada para el entuerto entre los gobiernos militares de Argentina y Chile en el diferendo por el Canal de Beagle, que estuvo a punto de estallar en la Navidad de 1978 y fue resuelto luego de la mediación del cardenal Antonio Samoré, enviado del entonces Papa Juan Pablo II para mediar en el conflicto limítrofe.
“A último momento, (Jorge Rafael) Videla y (Augusto) Pinochet entendieron la urgencia del momento y aceptaron la tabla de salvación que les ofrecía la Iglesia. (Emilio) Massera, por ejemplo, quería ir a la guerra”, sostuvo a LA NACION Ricchieri en 2024, al cumplirse cuarenta años de la firma del Tratado de Paz y Amistad firmado por los gobiernos de ambas naciones.
“Juan Pablo II era un papa joven, vital y con real deseo de intervenir en el conflicto. Pensó que su palabra, en dos países de mayoría católica, iba a ser escuchada”, agregaba entonces Ricchieri, trasladado en el mismo 1980 a la embajada argentina en Chile, país en el que –recuerda– “un fuerte sentimiento antiargentino podía sentirse en las calles”.
Por su participación en aquel equipo negociador, Ricchieri fue reconocido por el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (Cari), junto a los también embajadores argentinos Marcelo Delpech y Enrique Candioti, al igual que el embajador chileno que formó parte de aquella histórica negociación, Milenko Skoknic.
