El desgaste celular propio del envejecimiento plantea una pregunta inevitable: ¿es posible mitigar el deterioro biológico? Mientras figuras del espectáculo internacional popularizan tratamientos con NAD+ —una molécula esencial para el metabolismo y la reparación genética—, la comunidad científica argentina mantiene una postura cauta, sugiriendo que para los mayores de 70 años el enfoque debe desplazarse: la prioridad ya no es solo vivir más, sino vivir con salud.
“La posición más prudente hoy es considerar que la caída del NAD+ acompaña al envejecimiento y posiblemente contribuya a sus efectos, pero no hay conclusiones finales sobre si elevarlo puede revertir marcadores biológicos”, advierte Gabriel Ércoli, médico genetista y director de Gempre Genómica. El experto señala que los tratamientos actuales carecen de regulación y estudios clínicos que validen su eficacia o seguridad a largo plazo. La sobreactivación de procesos celulares mediante suplementación podría, incluso, tener efectos adversos dependiendo del contexto biológico del paciente.
En la misma línea, Mercedes Sidders, experta en medicina funcional, subraya que la evidencia científica define al NAD+ como un marcador de salud y no como un “interruptor” de longevidad. “Restaurar sus niveles puede mejorar la calidad de vida, pero no existe prueba genética ni clínica de que pueda alargar la vida humana”, sostiene. Además, advierte que un uso indiscriminado podría ser contraproducente en contextos oncológicos, ya que las células tumorales demandan altos niveles de esta molécula para su proliferación, lo que desaconseja su consumo sin estricta supervisión profesional.
Para los especialistas, la verdadera receta para la longevidad saludable se encuentra en las llamadas “zonas azules” —regiones como Okinawa o Cerdeña, donde los habitantes superan los 100 años con vitalidad—. El consenso es claro: los hábitos prevalecen sobre la genética y cualquier suplemento. Según Sidders, “la longevidad no es cuestión de suplementos milagrosos, sino de estilo de vida y entorno”. Los pilares fundamentales incluyen una dieta basada en alimentos reales —lejos de ultraprocesados y azúcares añadidos—, el movimiento natural, el descanso reparador y el sostenimiento de propósitos y vínculos sociales que disminuyan el estrés cotidiano.
La ciencia propone, en lugar de intervenciones experimentales, fomentar los niveles de NAD+ de forma natural. Esto se logra mediante una dieta rica en vitamina B3, magnesio y zinc, además de prácticas como el ayuno intermitente y la sincronización de las comidas con el ritmo circadiano. Ércoli resume el sentir médico: “El mensaje más sensato es mantener una visión equilibrada y basada en evidencia, evitando expectativas exageradas. Mantener hábitos de vida sostenibles sigue siendo el factor más determinante para la salud”.
En última instancia, la medicina funcional recalca que cada cuerpo es único. La suplementación debe ser personalizada y analizada profesionalmente, pues la dosis óptima no siempre es la máxima. Para quienes superaron los 70, el foco debe estar en la calidad de cada jornada, priorizando la capacidad funcional por sobre el conteo de años, una premisa que transforma la visión del envejecimiento en la actualidad.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA a partir de un artículo firmado por Pilar Pose.
