Único

En una empresa metalúrgica del norte del conurbano, que alcanzó a tener 3000 empleados, todavía recuerdan especialmente a uno, Luis, que trabajó allí algo más de 20 años. Era eficiente, de muy buen trato, jamás faltaba y le gustaba entrar una hora antes de que empezara su turno. No quería que problemas de tránsito o con los dos colectivos que debía tomar lo hicieran llegar tarde. En la fábrica se convirtió en celebridad el 31 de mayo de 1985, el día más lluvioso del siglo XX en la Argentina. En el área metropolitana cayeron 308 milímetros en 24 horas. Luis salió de su casa desafiando lo que era una cortina furiosa de agua, que caía como en baldazos. El primer colectivo, que lo llevaba hasta la Panamericana, avanzó a duras penas. El segundo nunca pasó. El acceso se había convertido en un río. Hizo dedo, lo acercaron, hasta que no tuvo más remedio que largarse a caminar: cuadras y cuadras bajo el temporal. En cierto cruce de calles se unió de las manos con otros peatones para que la corriente nos los llevara. Cuando finalmente llegó a la fábrica se encontró con una sorpresa: era el único. Ningún otro se había presentado. Solo estaba el guardián de la noche.

Al día siguiente, sus compañeros lo cargaron: “Luis, ayer llegaste tarde, eh”.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/unico-nid10082026/

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