La historia volvió a repetirse. Boca dejará, otra vez, la Bombonera por el mal estado del campo de juego. La Liga Profesional confirmó que el encuentro frente a Estudiantes de La Plata, correspondiente a la segunda fecha del torneo Clausura y que fue postergado por el compromiso xeneize en Chile ante O’Higgins, por la Copa Sudamericana, se disputará el miércoles a las 19 en el estadio Tomás Adolfo Ducó. La decisión, que se venía anticipando durante la semana, expuso una particularidad durante la gestión que encabeza Juan Román Riquelme: por tercera vez desde que asumió la conducción del fútbol del club, el equipo deberá mudar su localía luego de un receso en el que se realizaron obras para mejorar el césped.
La situación actual tiene como origen los trabajos que Boca llevó adelante durante el receso por el Mundial. El club informó que realizó una resiembra integral y renovó el sistema de drenaje en el sector ubicado frente a los palcos preferenciales, sobre la calle Doctor del Valle Iberlucea, una zona históricamente afectada por la escasa luz solar y por las características estructurales del estadio. La obra demandó alrededor de 45 días y, según un comunicado difundido el sábado por el xeneize, el cambio de escenario permitirá otorgarle “el tiempo necesario que le restaron las condiciones climáticas para poder exhibir un terreno de excelencia como el club suele ofrecer en los últimos años”.
Hay una realidad: uno de los mejores rubros en una cuestionada gestión de Riquelme como dirigente estuvo en cómo logró tener el campo de juego, sobre todo en los últimos años. Aunque esto ahora generará otro malestar en los socios, que deberán mudarse de la Bombonera durante tres partidos.
Pero, al parecer, es un problema sin solución de fondo, más allá de las dirigencias, ya que se trata de un déficit histórico. Ahora, las consecuencias de una nueva mudanza quedaron a la vista en el estreno como local por la Copa Sudamericana, que fue triunfo por 1-0 sobre O’Higgins. El contraste de color entre el sector intervenido y el resto del terreno resultó evidente desde el comienzo del partido y, durante varios pasajes del encuentro, el césped se levantó en distintas jugadas. Varios futbolistas perdieron estabilidad y hasta Leandro Paredes manifestó su fastidio porque la pelota tenía un pique irregular. Frente a ese panorama, y con tres partidos programados en apenas seis días, además de un pronóstico de lluvias que podía complicar aún más la recuperación, el club optó por trasladar la localía a Parque Patricios.
La determinación no implica solamente el compromiso frente a Estudiantes. En el mismo comunicado, Boca destacó que la medida busca preservar el trabajo realizado por el equipo de cancheros y completar la recuperación del césped antes del regreso al estadio. Por eso también analizan disputar fuera del Alberto J. Armando los encuentros posteriores frente a Vélez y Recoleta, por el torneo local y Sudamericana, respectivamente. De concretarse ese escenario, el equipo recién volvería a su estadio a fines de agosto, cuando reciba a Lanús.
No es la primera vez que una intervención sobre el césped termina con Boca lejos de su casa. El antecedente más recordado ocurrió al comienzo de 2022. Después de las obras iniciadas tras la suspensión del partido frente a Newell’s, a fines de 2021, por las inundaciones que dejaron en evidencia las falencias del drenaje, el equipo debutó en la Copa de la Liga con un empate 1-1 frente a Colón sobre un terreno cubierto de arena. Las imágenes recorrieron el país: los futbolistas tenían dificultades para afirmarse, la pelota modificaba su trayectoria y en una acción Guillermo Pol Fernández llegó a enterrar el pie derecho en uno de los sectores intervenidos, una secuencia que despertó preocupación por el riesgo de lesiones. Levantó la pelota y la arena, como se ve en la imagen.
La planificación original contemplaba que Boca permaneciera varias semanas fuera de La Bombonera mientras el césped completaba su recuperación. Después de aquel debut, el equipo hizo de local en el estadio José Amalfitani, donde derrotó 2-1 a Rosario Central. Sin embargo, la imposibilidad de utilizar otro escenario durante más tiempo obligó al club a regresar antes de lo previsto. Desde el Consejo de Fútbol reconocían entonces que el campo de juego todavía estaba lejos de su mejor versión, aunque entendían que ya reunía las condiciones mínimas para volver a utilizarlo.
La escena volvió a repetirse dos años más tarde. A principios de 2024, Boca tampoco pudo comenzar la temporada en su cancha, esta vez por una razón distinta: el césped no alcanzó a recuperarse después de que el estadio fuera utilizado para las elecciones presidenciales del club en diciembre de 2023. El equipo, en ese entonces de Diego Martínez, recibió a Sarmiento de Junín en el Nuevo Gasómetro, por la segunda fecha de la Copa de la Liga, e igualó 1-1. Nuevamente fue solo un partido y, ya en la cuarta jornada ante Defensa y Justicia, regresó a su estadio.
Los tres episodios muestran un mismo denominador común: el césped no logró recuperarse a tiempo. Salvo en 2024, las otras dos ocasiones se debieron a que Boca aprovechó un receso para intervenir el campo de juego con el objetivo de mejorar su estado. Sin embargo, por distintos motivos, el tiempo de recuperación no alcanzó y el equipo terminó resignando la localía para proteger la superficie.
La diferencia con otros estadios importantes del fútbol argentino es que la Bombonera no alberga recitales durante el año, por lo que el desgaste no responde al uso extrafutbolístico, sino a la necesidad de resolver problemas vinculados al drenaje, la estabilidad del suelo y la recuperación del césped.
La mudanza a Huracán representa, entonces, mucho más que un simple cambio de escenario para un partido. Expone una dificultad que Boca todavía no logró resolver de manera definitiva, que ya atravesó tres temporadas distintas y que vuelve a poner de malhumor a los socios por los cambios de logística que eso implica y porque, como el propio Riquelme reconoció más de una vez, nadie quiere “mudar” ni “mudarse” de la Bombonera.
