Para definir el futuro de la IA, China confía más en la cooperación que en la supremacía tecnológica

La guerra existencial que libran las superpotencias tecnológicas por la supremacía en el terreno de la inteligencia artificial (IA) se definirá más en la confrontación tecnológica que en el nivel político. El país que imponga sus normas a la IA determinará, en gran medida, el equilibrio de fuerzas en el tablero geopolítico. El líder chino, Xi Jinping, quiere aprovechar las dificultades de Donald Trump para colocarlo frente a sus debilidades y obligarlo a aceptar un sistema de cooperación mundial. La fase decisiva de ese sutil ejercicio diplomático se jugará durante la visita de Xi a Estados Unidos.

Ese encuentro evoca, en cierto modo, las partidas de mahjong que apasionan a los asiáticos. De los dos jugadores que se enfrentarán el 24 de septiembre, Xi es probablemente quien mejor maneja la complejidad de ese juego extremadamente sofisticado que asocia táctica, estrategia, psicología, memoria y talento, condiciones imprescindibles para anticipar las intenciones del adversario y controlar la enorme serie de combinaciones que se necesitan para gestionar el desarrollo de la partida.

En su primer movimiento, realizado el 17 de julio, el líder chino aprovechó la apertura de una conferencia internacional de IA organizada en Shanghái para exponer las grandes líneas del modelo industrial, económico, político y diplomático que los ideólogos de Pekín conciben como alternativa para posicionarse como principal rival frente a Silicon Valley en la batalla tecnológica por la supremacía mundial. A despecho de las intenciones hegemónicas que algunos ideólogos norteamericanos atribuyen a China, Xi expuso un desconcertante diseño de alianza universal: “Con frecuencia decimos que no se puede hacer música con una sola cuerda y que un árbol no constituye un bosque”, planteó en el lenguaje metafórico que los orientales manejan como un arte. “El desarrollo de la IA no puede resultar del trabajo de un solo país, sino que debe provenir de una sinfonía de cooperación internacional”, aclaró por si alguien no había percibido la retórica de su introducción.

Para “cosechar juntos los frutos de esta nueva frontera del progreso”, Xi propuso la creación de la World AI Cooperation Organization (WACA), una nueva organización internacional que, por el momento, integrarán 29 países del Sur Global, entre ellos Rusia, Brasil e Indonesia. La decisión de Xi de lanzar personalmente esa iniciativa –a riesgo de comprometer su prestigio personal en el nivel planetario– traduce la confianza del régimen en la “remontada” que está realizando la high-tech de su país para ponerse en el nivel de Silicon Valley y sostener el duelo que se prepara para los próximos años.

Los chinos esperan acelerar ese salto cualitativo gracias al desarrollo de dos factores. El primero es un discreto aumento de la participación del sector privado, que favoreció una estampida de iniciativas mixtas o particulares. Además de los cinco gigantes que dominan el mercado chino y compiten prácticamente en igualdad de condiciones con los monopolios norteamericanos (Alibaba-Qwen, Tencent, Baidu, Huawei y ByteDance), por el momento China concentró entre 15 y 20% de las creaciones mundiales de startups de IA en los últimos cinco años (contra 45 a 50% de Estados Unidos y 20 a 25% de Europa).

En una clara muestra de sus ambiciones, una startup desconocida –Monnshot–, dirigida por egresados de la prestigiosa universidad científica Tsinghua y financiados por Alibaba y Tencent, presentó en vísperas de la conferencia de Shanghái una IA que promete resultados similares a los de Anthropic y de OpenAI. El mismo nivel había exhibido poco antes Zhipu AI, otra startup surgida del vivero de Tsinghua. Para sostener esa estrategia, Pekín también admite ahora una discreta financiación privada del sector de investigación y desarrollo universitario. Los resultados de ese esfuerzo permitieron el enorme salto cualitativo que dieron las universidades de Pekín, Shenzhen, Hangzhou (financiada por Alibaba y DeepSeek), Shanghái, Suzhou y el polo tecnológico de Zhongguancun, ciudad conocida como la Silicon Valley china. Después del sorpresivo lanzamiento de DeepSeek en 2023, en los últimos tres años surgieron por lo menos seis startups de IA capaces de competir en el nivel internacional (Moonshot AI, Zhipu AI, MiniMax, 01.Ai, iFlytek y SenseTime). En 2025, DeepSeek, Moonshot AI, Zhipu AI y Alibaba Qwen figuraban entre las empresas más eficaces del mundo. Otra prueba de ese ímpetu es que en 2025 China presentó 73.718 proyectos de patentes contra 52.617 de Estados Unidos, según la WIPO (World Intellectual Property Organization).

La idea china consiste en “democratizar” la IA, colocando la tecnología más avanzada en el nivel de los países de menores recursos, como demostró antes con los paneles solares, la telefonía celular y los automóviles eléctricos. En el caso de la IA, promueve los modelos open-source, que permiten una sensible disminución de costos sin penalizar la calidad técnica del resultado final. La ventaja de ese patrón se advierte cuando se comparan los costs per task de diferentes modelos: el costo medio ponderado pasa de 0,02 dólares por tarea para DeepSeek a 0,82 para ChatGPT y llega a 2,75 para la versión Fable 5 de Claude, según el índice de Artificial Analysis.

Esos datos crudos son, in fine, los que condicionan la rentabilidad de un proyecto. En 2025, las inversiones públicas y privadas en Estados Unidos totalizaron entre 250.000 y 350.000 millones de dólares, el triple del esfuerzo chino (entre 60.000 y 120.000 millones). Pero crearon una extrema tensión en el mercado de capitales, agravada por la voracidad gargantuesca de los gigantes de la IA por nuevos capitales. Ese fenómeno creó una burbuja financiera que está provocando más de una pesadilla entre los inversores. Y lo que es más inquietante es la comparación de las dimensiones y la dinámica económica de ambos países. En sus cálculos, Xi no pierde de vista un dato fundamental: con el cuádruple de población (1400 millones de habitantes), China crece desde 2023 a un ritmo de 5% anual, el doble de Estados Unidos, que solo tiene 350 millones de habitantes.

Para sostener el asedio constante, Pekín reforzó la reglamentación destinada a impedir las exportaciones de tierras raras y metales raros destinados a la high-tech y al esfuerzo militar norteamericano. Para limitar ese cerco, Trump lanzó la Pax Silica, iniciativa estratégica destinada a asegurar las cadenas de suministro de tecnologías avanzadas como los semiconductores, la IA y la industria militar. Esa pulseada forma parte de la partida de mahjong diplomático que comenzó –desde antes de la cumbre– entre Xi y Trump.

En forma fortuita o deliberada, el clima previo a la reunión se enrareció a mediados de julio, cuando varios modelos de OpenAI –entre ellos GPT-5.6 Sol– “saltaron todos los controles”, comenzaron a actuar en forma autónoma y piratearon los servidores de Hugging Face, una plataforma estadounidense de modelos de IA utilizada por más de 50.000 entidades. Cualquiera que sea el origen de ese incidente sin precedentes, ese episodio demuestra en todo caso que el sistema global está lejos de ser seguro, como advierte sin cesar el ensayista Yuval Noah Harari, y que tal vez llegó el momento de sentarse a examinar alguna fórmula de cooperación internacional.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/para-definir-el-futuro-de-la-ia-china-confia-mas-en-la-cooperacion-que-en-la-supremacia-tecnologica-nid31072026/

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