El cielo nocturno ofrece esta semana un espectáculo astronómico singular, ya que en la madrugada del viernes 28 de agosto, la Argentina experimentará un eclipse parcial de Luna. Cecilia Scalia, astrónoma de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), invita a todos a observar el evento con atención.
En diálogo con LA NACION, la especialista destacó la relevancia de este suceso, que permite apreciar la mecánica celeste en directo desde cualquier punto del territorio nacional. La luna llena perderá su brillo habitual ante la sombra terrestre, un fenómeno que convoca tanto a aficionados como a expertos.
“Si tuviera que elegir un instante para poder ver la Luna eclipsada, elegiría el máximo. Desde Argentina va a ser más o menos a la 1 de la mañana. Es cuando más rojiza y oscura la vamos a ver, pero observar todo el evento es fantástico”, explicó Scalia.
El eclipse parcial profundo ocurre cuando la Tierra se interpone entre el Sol y el satélite. Aunque la ocultación no llega a la totalidad, el porcentaje de cobertura alcanza el 94% en Buenos Aires, una cifra que garantiza un impacto visual notorio para el observador casual. La experta sostiene que el valor de estas experiencias reside en la comprensión de la naturaleza tras siglos de estudio humano.
Además, la astrónoma aclaró dudas frecuentes sobre la observación directa, ya que muchos ciudadanos consultan si el fenómeno requiere protección visual. Scalia afirmó que el eclipse carece de riesgos: “No hay nada que temer. Es un evento de la naturaleza que no se da tan seguido, sería lindo que todo el mundo lo pueda disfrutar como lo que es, un evento natural”. A diferencia de los eclipses solares, que exigen cuidados especiales, el de Luna resulta seguro para la vista humana en todo momento.
Las supersticiones de cada eclipseScalia también descarta mitos sobre los efectos del eclipse en la Tierra, donde algunas personas atribuyen influencias negativas o cambios climáticos al evento. La astrónoma aclaró: “La Luna no tiene ningún efecto extra durante un eclipse que lo que tiene la Luna llena. El efecto marea es exactamente el mismo. Lo único es el efecto visual, pero para la Tierra no cambia nada”.
Esta postura busca desterrar supersticiones sin fundamento científico que suelen aparecer antes de estos acontecimientos astronómicos. “Siempre suscitan alguna superstición en algunos sectores. No sucede nada malo durante un eclipse, no tiene ningún efecto secundario de absolutamente nada”, explicó.
Sobre la apariencia cromática del satélite, la especialista detalló la física detrás del fenómeno. El tono rojizo, a menudo denominado “Luna de sangre”, surge por la refracción de la luz solar en la atmósfera terrestre. La atmósfera filtra los colores de onda corta y permite el paso de los tonos rojizos hacia la superficie lunar. Al imaginar la perspectiva de un observador situado en la Luna durante el eclipse, comenta: “Veríamos la superficie oscura del Sol, tal vez ese mismo efecto rojizo pero sobre la Tierra”. Este efecto convierte al satélite en un objeto de estudio fascinante durante la fase de máximo oscurecimiento.
Por qué hay que aprovechar la oportunidadLa oferta de actividades incluye opciones para quienes buscan acompañamiento técnico: el Planetario Galileo Galilei organiza una velada gratuita a partir de las 23:00 del jueves. La propuesta cuenta con diez telescopios a disposición del público y una estación accesible para personas con discapacidad. Si bien el cielo despejado resulta fundamental, la organización mantiene la convocatoria salvo en casos de lluvia o nubosidad densa. La divulgación científica busca acercar estos conceptos a la ciudadanía con herramientas simples.
Scalia subrayó la particularidad de observar el cielo en condiciones de eclipse, ya que la Luna suele iluminar la noche de forma intensa, pero durante este fenómeno su brillo disminuye de manera drástica. “Cuando tenemos Luna llena en el cielo, la luz de la Luna nos deja muy brillante el cielo nocturno, entonces no vamos a ver la misma cantidad de estrellas, es interesante”, señaló. Este cambio en la visibilidad estelar representa una oportunidad adicional para los amantes de la astronomía.
El ciclo de eclipses responde a una geometría específica, donde el fenómeno actual ocurre apenas semanas después de un eclipse solar total, una coincidencia frecuente en el calendario astronómico. “Tiene relación y, casi siempre, se dan de a pares los eclipses. Primero hay uno de Sol y, a las dos semanas, se da generalmente uno de Luna también. Es por una cuestión de geometría, por cómo se están alineando la Tierra, el Sol y la Luna en esa temporada”, detalló Scalia. La previsibilidad de estos eventos permite que los observatorios planifiquen sus actividades con antelación.
La profesional, quien trabaja como Secretaria de Extensión de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, insiste en el valor cultural y educativo del eclipse. Ante la pregunta sobre por qué justifica desvelarse, responde con sencillez: “No es algo común. Se ve una vez cada tanto y no siempre tenemos la oportunidad de verlo. Es una oportunidad única poder ver que esos fenómenos existen”. Esta visión refuerza el compromiso de los especialistas con la difusión científica y el asombro ante el cosmos.
Recomendaciones sobre el eclipseLos interesados en profundizar su experiencia pueden recurrir al uso de binoculares o telescopios básicos. Estos elementos permiten observar detalles en los cráteres lunares mientras la sombra terrestre recorre la superficie. Sin embargo, Scalia reafirma que la experiencia a ojo desnudo posee un encanto particular por su conexión directa con la naturaleza. La planificación del evento requiere simplemente buscar un sitio con baja contaminación lumínica si la ubicación urbana impide una visión clara. La espera vale la pena para contemplar la mecánica que rige el sistema solar.
Este evento no solo ofrece un espectáculo visual, sino que también sirve como ejercicio pedagógico sobre la posición de nuestro planeta en el espacio. La alineación exacta entre el Sol, la Tierra y la Luna define la dinámica de la noche. Mientras la Tierra proyecta su sombra sobre su satélite, la humanidad observa desde la superficie terrestre las consecuencias de un movimiento invisible en la vida cotidiana.
La sencillez del eclipse parcial profundo lo posiciona como uno de los momentos destacados del calendario 2026 para el hemisferio sur. La invitación queda abierta para que cada persona aproveche la noche del jueves y observe el cambio en el disco lunar, un recordatorio constante de la inmensidad del universo.
Cronograma del eclipse de LunaEl Planetario Galileo Galilei confirmó el cronograma oficial para el seguimiento del fenómeno: la fase penumbral comienza a las 22:24 del jueves, aunque resulta difícil de notar a simple vista. El ingreso de la Luna en la umbra ocurre a las 23:33, momento en el que el disco lunar pierde su luz de forma evidente. El punto máximo llega a la 1:13 del viernes, mientras que la salida de la zona oscura sucede a las 2:52. El evento finaliza a las 4:01, tras completar cinco horas y 38 minutos de recorrido total. La duración del eclipse principal, sin considerar la fase penumbral previa, abarca tres horas y 18 minutos.