Independiente le ganó a Newell’s 1-0 con un golazo de Santiago Montiel

Independiente suma más sonrisas que fútbol, más puntos en la tabla que juego, pero la ecuación le sirve para vivir tranquilo en lo deportivo (en lo institucional recibió una nueva inhibición, esta vez de Olimpia de Paraguay) y acomodarse bien arriba en la tabla. El 1-0 a Newell’s fue tan apretado en las cifras como en el desarrollo, aunque a su gente por ahora le vale con las estadísticas: dos jugados, dos ganados, ningún gol en contra. Más que suficiente para los tiempos que corren en el Rojo.

En nuestro fútbol, y pese a la rima fácil, la intención no siempre se lleva bien con la ejecución. Dos equipos pueden plantarse en la cancha con la mente puesta en manejar la pelota como idea prioritaria, en hacerla circular con criterio pensando en el arco de enfrente, en enfatizar los méritos propios antes que negar los ajenos, pero es entonces cuando el ajuste fino tiende a superar las ganas y los partidos no entregan todo aquello que prometen desde la voluntad.

El golazo de Montiel

El Rojo y la Lepra disputaron uno de esos encuentros que transitan por esa clase de ruta. Asfaltada en los propósitos, con demasiados baches en la práctica.

Ni Gustavo Quinteros ni Frank Kudelka plantearon marcas pegajosas, persecuciones policiales ni encierros exagerados en las cercanías de sus áreas. Muy por el contrario, quisieron jugar y dejar jugar. ¿Por qué entonces el Rojo y la Lepra quedaron a medias del choque que pudo haber sido y no fue? Simplemente, porque en el instante del toque exacto, de la habilitación milimétrica o el control que permita sacar el segundo necesario de ventaja abundan más los fallos que los aciertos, y de esa manera las acciones se desbaratan, el ritmo afloja, las emociones escasean y empiezan a tener más peso valores como el ímpetu, la energía y la fuerza que la calidad.

Tanto fue así que incluso el gol que le dio la victoria al local tuvo ese sello en la elaboración. Iban 40 minutos, el juego languidecía lejos de las áreas, cuando Juan Manuel Fedorco, de lo mejor de la noche, guapeó frente a Thomas Ríos por derecha. Ganó, se fue como puntero, su centro imperfecto provocó un rebote, Santiago Montiel se lo llevó con la panza y entre tres rivales sacó un derechazo tremendo -e impensado para un zurdo cerrado- que se clavó en el ángulo izquierdo.

Por entonces, Independiente había sacado una muy leve luz de ventaja en el desarrollo. Nada del otro mundo, pero brindando una versión de mayor soltura que la expresada en el debut ante Estudiantes. La habilidad del chileno Maximiliano Gutiérrez por derecha, la ebullición que imprime Montiel cada vez que participa, la firmeza de Iván Marcone en el centro y el creciente nivel de Facundo Zabala por izquierda le dieron al Rojo un cierto predominio que tradujo en las pocas llegadas peligrosas anteriores al 1-0. Josué Reinatti anticipó justo a Sebastián Valdez a la salida de un córner y rechazó con los puños un tiro libre de Montiel. Un par de minutos más tarde del zapatazo del número siete, completó su trabajo tapándole el segundo a Zabala.

La Lepra es una representación cabal de nuestro fútbol. Un equipo en transición permanente, con una mezcla de gente experimentada rondando la treintena y muchos pibes de la siempre prolífica cantera rojinegra. Repartidos entre la defensa y la delantera los primeros, dándole frescura y agilidad al mediocampo los más jóvenes, con el capitán Luca Regiardo (19 años y mucha sabiduría para cortar y tocar rápido) como eje central, el zurdo Facundo Guch encargado de armar la ofensiva y el arquero Reinatti brindando seguridad en el fondo.

La propuesta es respetuosa con la historia del club, pero el equipo dio muestra de demasiada liviandad en campo contrario, tal vez de cierta inmadurez. Entre titulares y suplentes, Kudelka probó cinco delanteros diferentes y salvo una corrida de Ignacio Ramírez que solucionó Rodrigo Rey a los 20 de la primera mitad (pareció fuera de juego), le costó una enormidad generar acciones de peligro, un déficit que se hizo más evidente en la etapa final, cuando el Rojo le cedió durante largos minutos el control del balón.

Lo mejor del partido

La intrascendencia de los rosarinos en ataque acabó siendo el mejor aliado para el triunfo de Independiente, cuya prestación en la segunda parte abrió otra vez la carpeta de las dudas sobre las posibilidades reales y futuras del equipo. Claro que por ahora ese es un tema que a los hinchas les importa poco.

El Rojo suma una conducta impecable en los números, y en tiempos de vacas flacas seis puntos en dos jornadas les resulta más que suficiente para sonreír y festejar.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/independiente-le-gano-a-newells-1-0-con-un-golazo-de-santiago-montiel-nid30072026/

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