Un gol, diferencia suficiente para ganar los tres partidos y ser puntero del Grupo B. Barracas Central repitió el marcador (1-0) en el torneo Clausura y hace que la aventura se esperanzadora: ahora, frente a Riestra. Festejó el equipo en el estadio Guillermo Laza, donde Boca fue vapuleado; celebró el presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, que acompañó desde un improvisado palco junto al sector de prensa, a su club, el que lo tuvo como presidente desde 2001 hasta 2020. El legado lo tomó su hijo Matías, y bajo su mandato el Guapo ascendió a Primera, mientras que en el césped está Iván, el menor de los hijos de Chiqui, el capitán y la tercera pata de la familia en el Barraqueño.
Barracas Central y Riestra son dos equipos que dieron el campanazo en el estreno. El Guapo le asestó el primer golpe a River, en el Monumental; un día después, Riestra castigó a Boca. Dos clubes que tienen un modelo de conducción que se aparta del resto de los que integran la Liga Profesional. Los presidentes de los clubes no tienen el verdadero poder en el fútbol. Sin papeles, sin figurar en algún cargo de la comisión directiva, el Guapo y el Malevo se rigen bajo las reglas de Chiqui Tapia y de Víctor Stinfale, respectivamente. Cada uno con sus formas, con sus modelos, que para los desprevenidos son opuestos, aunque en el fondo presentan similitudes.
Dos nombres que provocaron un ascenso meteórico de sus clubes a la elite, rodeados por las polémicas y las arbitrariedades. El mote de “equipos del poder” se replica entre los hinchas rivales, en las redes sociales, en los medios. En el duelo, que es un clásico, y que dirigió el árbitro Darío Herrera -uno de los representantes argentinos en el Mundial 2026-, las suspicacias quedaron al margen.
La zona de prensa tuvo una modificación para el clásico. A partir de los últimos 30 metros se levantó un telón negro. Una tela impecable, sin manchas ni rasgadura, pero también impenetrable para los ojos de los curiosos que pretendían indagar qué o quién está del otro lado. Chiqui Tapia era el hombre que se protegía, aunque no tuvo un dispositivo de seguridad particular para estar en la cancha. No es la primera vez que visita el estadio enclavado en Villa Soldati y trajo suerte: dos visitas y dos triunfos, el otro el año pasado, con gol de Nicolás Blandi, en los playoffs.
Llegar al lugar donde estuvo Tapia, que es investigado en el país y en los Estados Unidos por presunta retención de aportes, evasión, lavado de dinero y polémicos contratos comerciales internacionales, es una misión imposible. Un integrante de personal de seguridad estaba apostado en el portón que da acceso al gimnasio techado, desde donde se accedía al espacio donde Chiqui miró el juego. Solo personal autorizado -quienes surtían de comida y bebidas, por ejemplo- tenían vía libre.
Pero hubo un par de adolescentes que tuvieron su premio. Los dos repositores de pelotas que se ubicaron detrás del segundo árbitro asistente, Damián Espinoza, aprovecharon los minutos previos al comienzo y se tomaron una selfie, vidrio de por medio, con Tapia. Con la pelota en juego, Chiqui miró con una sonrisa cuando apenas a metros suyo, el árbitro advirtió al capitán del Guapo, que es su hijo Iván.
El partido se jugó como un clásico, y no es una acción de marketing. Riestra y Barracas Central se midieron 96 veces y para el Guapo, el Malevo es el segundo rival ante quien más veces se enfrentó en su historia, detrás de Colegiales. Los foules marcaron el pulso -cuatro amonestados, Nicolás Watson, Rodrigo Insúa, Facundo Bruera y Gonzalo Maroni-, también los despejes sin destino o dividir el balón. La búsqueda de los faros de área, la consigna. Y en ese escenario, los arqueros Ignacio Arce y Marcelo Miño se hicieron fuertes ante los remates de Bruera y de Nicolás Benegas.
La presencia del atacante de Barracas Central, que juega con una protección en su cara, es una situación controvertida. Relegado en San Lorenzo, cumple un tercer préstamo consecutivo en el Guapo -ahora por 18 meses, sin cargo ni opción de compra-, una situación que no contempla el reglamento de la Liga Profesional. El Ciclón no informó de qué manera se encuadró la operación. El retorno fue apurado, porque los Barraqueños separaron del plantel a Gonzalo Morales -autor del gol a River- tras una denuncia judicial por violencia de género.
Sin un dominador, porque la pelota iba y venía de un área a la otra, aunque el vértigo no era sinónimo de desequilibrio, Barracas Central rompió el molde. Miño habilitó a Maroni, que combinó con Gonzalo Porras -juvenil que llegó libre desde San Lorenzo-; el volante, de lo más criterioso y desenfadado para jugar entre tantos errores de traslado, habilitó a quien reemplazó a Jonathan Candia, y con apenas seis minutos en la cancha el ex Boca dio la estocada.
Lo mejor del partidoFestejó Barracas Central agrupado en el córner, a apenas metros de donde estaba Chiqui Tapia: solo el vidrio separó a padre e hijo, que hizo un gesto con el puño para celebrar. Ganar por la mínima diferencia parece ser la receta del Guapo, que en tres fechas tiene puntaje ideal y el arco invicto.
