Prácticamente ningún país en el mundo pueda definirse con una sola palabra, pero siempre existen excepciones. Si se dice hermetismo y se invita a relacionar el término con una nación del planeta, las probabilidades de pensar en Corea del Norte son muy altas. Encerrado en sí mismo casi desde el día de su creación e independencia en 1948 y poco amable para la recepción de foráneos, cualquiera sea el motivo de la visita, la mitad socialista de la península coreana vive envuelta en el misterio, y sacar a la luz sus múltiples secretos demanda una tarea que se aproxima al espionaje. O en su defecto, confiar en las pocas fuentes que han pisado ese suelo o tienen algún tipo de contacto que les permite conocer algo más de lo que las autoridades desean que se sepa y se vea. Y aunque parezca mentira, uno de esos misterios guarda relación con el fútbol.
En el mediodía de este domingo, el estadio Miejski, situado en Lodz, Polonia, será escenario de la final de una Copa del Mundo Juvenil de Fútbol Femenino, torneo muy poco promocionado y por lo tanto casi inaccesible para el gran público. Se enfrentarán España y, por supuesto, Corea del Norte. Sin embargo, la noticia no es esta, sino que a nadie que conozca a fondo el fútbol de las mujeres le resulta sorprendente. No lo es que la juegue España, actual campeona mundial de mayores, pero mucho menos asombroso es que su rival sean las coreanas, que no solo defienden el título obtenido en 2024 sino que llevan cinco conquistas en las categorías sub-17 y sub-20 en la última década para un total de siete. De hecho, son las favoritas. Basta con enseñar su marcha en este certamen: ganaron los seis partidos disputados, marcaron 16 goles y, lo más llamativo, su valla permanece invicta desde los octavos de final del Mundial anterior, cuando derrotaron 5 a 2 a Austria (en el debut en aquel torneo golearon 6-2 a las sub-20 argentinas).
En otras palabras: un país que no figura en ninguna otra lista de favoritos dentro de una competencia futbolística es toda una potencia en un género y en un rango de edad tan definidos que su fortaleza disminuye cuando las mismas jugadoras alcanzan la edad adulta. Si no se trata de un misterio, pega en el palo, y buscarle una explicación no es tarea sencilla.
“Las mujeres norcoreanas son muy fuertes y resistentes”, sostiene Han Seol-song, una exatleta que en su día desertó de su país, como para confirmar el estereotipo que señala a las féminas del norte de la península asiática como trabajadoras incansables e ingeniosas. Pero más allá de dichas virtudes, la razón de su éxito se apoyaría en muchos otros pilares (tratándose de una nación hermética, el uso de los verbos en modo potencial es casi obligatorio).
El primero es político. “El éxito en el deporte internacional es una de las pocas maneras de demostrarle a la comunidad internacional la existencia e identidad de la nación y exponer su grandeza”, dice el doctor Jung Woo-Lee, profesor titular de Política Deportiva y de Ocio en la Universidad de Edimburgo, Escocia, y agrega: “Al mismo tiempo, también vale como herramienta de propaganda interna”.
Kim Il-sung, fundador de la patria y líder durante 46 años, fue el primero en seguir las líneas marcadas por la Unión Soviética, Alemania Oriental y el resto de países europeos que vieron en las actividades deportivas el escenario ideal para exhibir su capacidad de competir de igual a igual en cualquier campo con las potencias occidentales. Aunque fueron quienes le sucedieron en el cargo, sucesivamente su hijo Kim Il-jong y su nieto Kim Jong-un (actual presidente), los que descubrieron que el fútbol juvenil femenino podía ser un acaparador de triunfos.
Hasta que las chicas decidieron patear el tablero, la pelota número 5 sólo le había dado una alegría al país: el 1 a 0 de la selección masculina sobre Italia que significó la eliminación de la azzurra en la Copa del Mundo de 1966. La siguiente aparición en un Mundial debió esperar hasta 2010, donde el conjunto norcoreano sumó sendas derrotas en los tres partidos de primera fase, y a partir de entonces nunca logró escapar de la medianía, seguramente porque ni antes ni ahora el fútbol ha sido el deporte más popular del país, superado por el taekwondo, el judo y el tenis de mesa. En la actualidad, la selección ocupa el 121º puesto en el ranking FIFA y el 21º de la Confederación Asiática.
Como prácticamente todo en Corea del Norte, el motivo central de la apuesta por las futbolistas juveniles como emblema deportivo nacional permanece entre las brumas y abre espacio a las conjeturas. “Los atletas masculinos del país tienen una menor complexión física que los occidentales. Para competir contra ellos necesitarían un tratamiento integral, que incluyera una dieta rica en carne y una nutrición adecuada, algo que en la mayoría de los casos resulta imposible”, indica Heo Jeong-pil, periodista surcoreano que conoce a fondo las cuestiones deportivas de sus vecinos del norte.
El doctor Woo-Lee aporta otra mirada: “La brecha para llegar a la élite en el fútbol senior es mucho más difícil de superar, por eso los éxitos de las chicas del sub17 y sub20 no se han trasladado a la selección mayor. En el fútbol juvenil esa brecha resulta más manejable, y la estrategia de las autoridades norcoreanas no es generar un camino a largo plazo, sino asegurarse la posibilidad de ganar”.
A su vez, Seol-song apunta que, quizás, la nación decidió centrarse en el desarrollo del fútbol femenino al saber que las ligas deportivas de mujeres no eran tan competitivas como las de hombres a nivel mundial. Y la directora de cine Brigitte Weich, quien estuvo trabajando en Corea del Norte para la filmación de un documental sobre fútbol femenino estrenado en 2023, esboza una razón menos elaborada: “Quizás, allá por los años 80, cuando la FIFA acordó organizar una Copa Mundial femenina, alguien se acercó a Kim Il-Jong y le dijo que ahí había una oportunidad para aprovechar”.
Trailer del documental de Brigitte WeichLa realidad es que la práctica de cultivar el talento deportivo juvenil ya estaba instalada en las escuelas primarias y secundarias del país desde muchas décadas atrás, solo que demoró para volcarse en el fútbol. Recién en 2013, y bajo el mando Kim Jong-un, otro gran impulsor del deporte, el gobierno creó la Escuela Internacional de Fútbol de Pyongyang, donde se selecciona, desarrolla y educa a jóvenes a partir de los 13 o 14 años siguiendo un enfoque altamente disciplinado, científico y profesionalizado que sin duda está dando frutos en el lado femenino de la balanza.
Los observadores del fenómeno de las pibas norcoreanas añaden un elemento más en el análisis. Las finanzas del Estado atraviesan un crecimiento económico sin precedentes en los últimos años y las condiciones de vida en el país han mejorado. Pero sobre todo en las áreas rurales, la pobreza y la desigualdad siguen siendo manifiestas y las recompensas por ganar un título internacional o una medalla olímpica son un enorme estímulo para los y las más jóvenes.
“A las jugadoras que viven fueran de la capital se les otorga certificados de residencia para entrar en Pyongyang, donde el acceso a la salud y a una buena alimentación es mucho más fácil que en el campo”, informa Woo-Lee. Con un triunfo internacional estos premios se multiplican, y suelen ir desde un departamento y coches de lujo a una membresía del gobernante Partido de los Trabajadores, lo que significa un gran ascenso social. “Es como sacarse la lotería”, señala el profesor que trabaja en Escocia.
Hay que tener en cuenta que, al contrario de lo que sucede con quienes se destacan en el fútbol de otros países, las posibilidades de migración de las jugadoras norcoreanas se ven muy limitada por las sanciones económicas que imperan para aquellas naciones que comercien con Corea del Norte, y también por las estrictas reglas internas. “En el pasado, algunos basquetbolistas fueron a jugar a Europa, pero no recibían individualmente sus salarios. Los clubes debían enviarlos a una cuenta del gobierno y después se los hacía llegar a los jugadores”, aclara Woo- Lee.
Todos los motivos esgrimidos para explicar el éxito de las juveniles norcoreanas pueden ser válidos, o tal vez haya alguno distinto y crucial que haya pasado inadvertido para los observadores. No hay que olvidar que se trata de una tierra hermética y misteriosa. Mientras tanto, resulta fácil deducir que a las chicas de Corea del Norte todas estas cuestiones les importa poco y nada. Con Choe Rim-jong como gran figura, este domingo intentarán dar el último paso para sumar una estrella más a la colección de su país. Las españolas, herederas de las actuales campeonas del mundo de mayores, serán las que intenten arruinarles la fiesta, esa con la que un pueblo aislado del resto de la humanidad quiere celebrar la transformación definitiva de sus pibas en la indiscutible potencia juvenil del fútbol femenino.
