La imagen es poderosísima: Máxima (55), la reina de Países Bajos, respaldó la inclusión y la diversidad en nombre de la monarquía neerlandesa cuando, hace unos días, inauguró en Ámsterdam el WorldPride 2026, la celebración internacional del orgullo LGBTQIA+ más importante del planeta y que busca, según la Casa Real, “visibilizar, promover la emancipación y defender los derechos humanos de este colectivo en todo el mundo”.
El WorldPride, organizado por la InterPride, tiene lugar en una ciudad distinta cada edición e incluye mucho más que la marcha del orgullo, el desfile con carrozas o barcos en el caso de Ámsterdam: también se dan conferencias sobre derechos humanos, actividades deportivas y culturales, conciertos y actos reivindicativos. Recibida por una multitud al ritmo del famoso tema de ABBA Dancing Queen, Máxima marcó un antes y un después con su significativo gesto (arriba del escenario llevó un cartel que decía “El amor no tiene fronteras”), que además es coherente con la historia de Países Bajos: fue la primera nación en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo a través de una ley aprobada en el Parlamento en septiembre de 2000, que entró en vigor el 1 de abril de 2001 (este año se cumple el 25° aniversario de la celebración del primer matrimonio entre personas del mismo sexo en esa capital). “Su Majestad, hoy no está sola. ¡Bienvenida al mundo de las reinas!”, declaró la alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, al comienzo de la ceremonia en Vondelpark. La Reina, primer miembro de la realeza europea en asumir este rol, contestó con palabras que le valieron el aplauso unánime de una ciudad vestida con los colores del arco iris: “Sosténganse los unos a los otros, apóyense mutuamente y disfruten. Poder ser uno mismo, amar a quien quieras, ¿no es eso lo normal?”.
Máxima dijo presente en el Vondelpark de Ámsterdam
