Mercè Brey, especialista en liderazgo: “Conectar con nuestra esencia nos permite romper con las cadenas de la dependencia externa”

Mercè Brey, referente internacional en liderazgo consciente y diversidad, lleva más de 30 años trabajando con mujeres referentes y organizaciones. Exejecutiva bancaria, autora y fundadora de espacios que promueven la equidad, propone un cambio profundo: dejar de sostener la identidad en la validación externa y construir confianza desde adentro.

El mundo corporativo se parece, a veces, a una casa con demasiados espejos y pocas ventanas. Reflejos constantes devuelven imágenes distorsionadas: éxito medido en métricas ajenas, validaciones que llegan desde el entorno, identidades que se moldean según expectativas invisibles. En ese juego de reflejos, muchas personas terminan olvidando cuál era su rostro original. ¿En qué momento se deja de mirar hacia adentro?

Esa tensión entre lo que se espera y lo que se es constituye el territorio en el que trabaja Mercè Brey para cocrear nuevas formas de liderar e incluir. El fenómeno que Brey identifica no es aislado. Según un informe de la consultora KPMG, el 75% de las mujeres ejecutivas ha experimentado el síndrome del impostor en algún momento de su carrera. La International Coaching Federation también advierte que la falta de confianza interna sigue siendo una de las principales barreras para el desarrollo profesional femenino. Frente a ese escenario, su propuesta invita a revisar creencias arraigadas y a recuperar una confianza que no dependa de la aprobación externa.

–Trabajás en un nuevo estilo de liderazgo. ¿Cómo lo definirías?

–Como la capacidad de crear contextos donde las cosas puedan ocurrir. Es el que permite que nuestra esencia masculina y femenina se expresen por igual, que se retroalimenten y se enriquezcan mutuamente. Un liderazgo que equilibra lo racional y lo emocional, el hacer y el ser. Nuestra esencia masculina (alfa) es aquella que nos permite tomar decisiones sin vacilar, asumir riesgos, marcar límites, entrar en acción… está conectada con nuestra racionalidad, con nuestro hemisferio izquierdo del cerebro. Nuestra esencia femenina (omega) está vinculada a nuestro hemisferio derecho, a nuestra emocionalidad. Es la que nos insta a la creatividad, a la innovación, a cooperar. La que no duda ante la intuición y nos permite ser flexibles y empáticos. Cuando ambas esencias están acertadamente presentes en nuestro día a día, nuestro estilo de liderazgo logra dejar de confrontar entre bienestar y rentabilidad. Se crean entornos de seguridad psicológica donde las personas comprometemos nuestro talento tras un objetivo común. Donde la rentabilidad no es el único objetivo, sino la lógica consecuencia.

–Insistís en que cada uno de nosotros debería creer que es lo mejor que le ha pasado, ¿por qué?

–Hemos cedido nuestra soberanía a lo que acontece fuera y le hemos dado el poder de determinar quiénes somos y cuál es nuestro valor. Es una situación de dependencia perversa donde nos sometemos inconscientemente a la arbitrariedad de lo externo. Enderezar la mirada y conectar con nuestra esencia, lo que yo suelo llamar “volver a casa”, nos permite romper con las cadenas de la dependencia externa y reconectar con nuestra fuerza motriz, esa que nos impulsa a desarrollarnos y evolucionar. Centrarme en mí para ser mi mejor versión no es un acto de egoísmo, sino todo lo contrario, es un acto de puro amor hacia mí y hacia todo aquello que me rodea.

–¿En dónde se visualiza el poder de lo femenino en las organizaciones?

–Lamentablemente y en términos generales, las organizaciones son espacios tremendamente racionales, donde lo femenino (conectado con la emocionalidad) encuentra poco espacio para expresarse. Por suerte, ya hay un buen número de entidades que comprenden el poder que aporta lo femenino, patrimonio de hombres y mujeres, en el entorno laboral. Estamos viendo que, cuando esas cualidades están presentes, se incrementa la fidelización del talento, la creatividad, la innovación, la reputación o la productividad.

–¿Por qué motivo ocurre?

–Por la concatenación de una serie de eventos: cuando las personas nos sentimos vistas y reconocidas en nuestra diferencia, y esto solo lo podemos lograr desde la mirada inclusiva que aporta lo femenino, nuestro talento se desinhibe; lo que despierta la creatividad y con ella hay más innovación, lo que permite que el valor añadido crezca, dando lugar a más rentabilidad a medio plazo.

–¿En dónde creés que desbarrancamos a la hora de liderar?

–Necesariamente, para hacerlo, se debe construir una infraestructura y facilitar un cambio de mindset. En términos generales, resulta relativamente sencillo avanzar en la primera, como con planes de igualdad, corresponsabilidad o conciliación, estableciendo cuotas para la visibilización de minorías, etc. La gran dificultad radica en el cambio de mentalidad. Estamos hablando de un proceso evolutivo del conjunto de la sociedad.

–¿Pensás que la cuestión biológica de reproducción dejará a las mujeres que desean ser madres siempre en desventaja respecto de quienes no lo son?

–La maternidad es, sin lugar a duda, el mayor obstáculo para el desarrollo profesional de la mujer. La sociedad, tal y como la tenemos concebida, no está preparada para que eso suceda en equidad. Hace tan solo unas décadas que las mujeres han irrumpido masivamente en la esfera pública. Y lo han hecho llevándose a cuestas sus responsabilidades en la esfera privada. El trasvase de hombres hacia allí ha sido sustancialmente inferior. Se requiere construir una nueva realidad en la que resulta imprescindible cuestionar los pilares actuales y cocrear una tercera esfera que integre lo mejor de ambas.

–¿Qué luchas concretas debemos afrontar para trabajar en una real transformación?

–Lo primordial es entender que la equidad no debe plantearse como una confrontación. Se trata de una mejora sustancial para el conjunto de la sociedad y requiere un reajuste de desequilibrios. El foco debe ponerse en lo sutil: la reprogramación de sesgos inconscientes, estereotipos y creencias limitantes. Ese trabajo implica actuar en múltiples dimensiones: la familia, el sistema educativo y las organizaciones.

–Muchas mujeres que valoran su lugar se sienten lejos de algunos feminismos radicales. ¿Cómo analizas esta perspectiva?

–Las palabras construyen y también destruyen realidades. Algunas han sido tan utilizadas que han perdido significado; otras han sido recortadas o tergiversadas. Ante esa situación, lo interesante es soltar etiquetas y volver a la esencia. Actuar en coherencia con el sentido que cada persona le otorga a esos conceptos y comprometerse con ejercer la propia influencia. Las palabras no deberían convertirse en un obstáculo para aportar, desde la individualidad, a un cambio que necesariamente debe ser colectivo.

–Asegurás que los viajes te han ayudado a incorporar una visión nueva de muchas cosas. ¿Qué deberíamos hacer para tener la mente abierta a descubrirlas?

–Los periplos nos proporcionan momentos ideales para ensanchar nuestra realidad. Son ocasiones maravillosas para experimentar fuera de nuestra zona de confort, en lo que llamo la zona de expansión, lugar único que nos permite cuestionar dogmas y creencias. Pero es tan solo una posibilidad. Es necesaria nuestra predisposición para que la magia ocurra. Ello implica tres actitudes: curiosidad, humildad y flexibilidad. Me refiero a esa curiosidad preguntona y exploradora de cuando éramos pequeños, y que vamos perdiendo con el transcurrir de los años. Es un interés sincero por lo que nos rodea que nos permite asomarnos a visiones que, sin esta actitud, ni tan siquiera percibimos. La humildad nos permite suspender el juicio y colocarnos en ese lugar que nos da acceso a “aprender por la piel”. Son procesos cognitivos muy interesantes que nos dejan una huella profunda, donde el aprendizaje va más allá de la práctica mental. Por último, requerimos la flexibilidad para modificar patrones y creencias que, hasta el momento, configuraban una opinión inamovible para nosotros.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/merce-brey-especialista-en-liderazgo-conectar-con-nuestra-esencia-nos-permite-romper-con-las-cadenas-nid29092026/

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